A 40 Años De La Madrastra

Este 17 de septiembre se cumplen 40 años de la emisión del último capítulo de la más exitosa telenovela de todos los tiempos en Chile.

¿Quién mató a Patricia? Esa fue la frase que paralizó a nuestro país y que convirtió a la telenovela “La Madrastra” en un clásico del género y la más vista de todos los tiempos, pese a que en aquella época no existía el people meter, ni se medía el rating como se hace ahora. En su capítulo final, emitido el día antes de las Fiestas Patrias de 1981, el 17 de septiembre para ser más exactos, se produjo gran expectación, ya que por fin se revelaría el nombre del asesino de Patricia.

La madrastra fue escrita y argumentada por el reconocido dramaturgo Arturo Moya Grau, y dirigida por Óscar Rodríguez. Su exhibición duró entre abril y septiembre, convirtiéndose en un melodrama que alcanzó altos índices de sintonía jamás vistos en la televisión chilena de la época, además que fue la primera telenovela producida y difundida en color. En ese entonces la cobertura de Canal 13, estación que la emitía, llegaba a muy pocos lugares del país, por lo que el fenómeno mediático se produjo más que nada en Santiago, Valparaíso, Viña del Mar, Rancagua, San Fernando, Curicó, Concepción y Talcahuano. También se emitió en diferido en Arica, Iquique, Antofagasta, Chuquicamata y Calama a través de la Red de Televisión de la Universidad del Norte y en La Serena y Coquimbo por el Canal 8 UCV Televisión.

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Un fenómeno social que paralizó Chile

Aunque no revelaré mi edad, fui testigo de este fenómeno social que causó “La Madrastra”, con índices históricos de audiencia que superaban los 80 puntos, según el sistema de medición de la época (encuestas puerta a puerta en la capital). A las 19 horas, no andaban ni autos ni personas por las calles de la capital. Incluso, esa desolación era más notoria que cuando juega la selección chilena, para compararla con estos tiempos. Yael Unger y Gloria Münchmeyer, protagonista y antagonista, respectivamente, eran ídolas. Incluso ésta última, que resultó ser la asesina, después de esa teleserie no podía salir mucho a la calle por los insultos y agresiones que recibía. Claro que después siguió por la senda de las villanas al interpretar a otra clásica mala: Adriana Godan en Los Títeres (1984). El resultado eso sí fue la en tratamiento psicológico.

Después de “La Madrastra” siguieron muchas telenovelas que marcaron hitos en nuestra televisión y por eso que hoy merecían una como esta. Pero no somos los únicos que las homenajeamos, en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) está abierta hasta octubre la muestra “Pantalla Viva”, que a través de 650 fotografías, afiches y audiovisuales presenta los títulos de las producciones nacionales más importantes de las últimas cuatro décadas. Se trata de imágenes rescatadas de archivos personales y registros de TVN, Mega y Canal 13.

Tal como señaló su curadora, la artista Claudia Gacitúa, las teleseries siempre han ocupado un espacio relevante dentro de la cultura popular. “Mucha gente las ha visto, han marcado etapas en la vida de muchas personas, apelan a la nostalgia, a un olor, al momento de tu vida en el que estabas cuando se emitió”, dijo textualmente y por eso puntualizó que merecían este trabajo de recolección de información para que las nuevas generaciones sepan el gran nivel alcanzado en este ámbito.

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La consolidación del Hollywood criollo

Por si fuera poco, junto con la exposición se lanzó un libro, que se puede leer o ver gratuitamente por la web. En sus páginas encontramos que el origen del género en la pantalla chica nacional se remonta hasta comienzos de la década del 70, con títulos desarrollados por el dramaturgo Arturo Moya Grau y la productora Protab como El Padre Gallo, J. J. Juez y Sol tardío. Sin embargo, el toma como piedra fundacional el estreno de La madrastra (1981), que además de constituir un fenómeno de audiencia y social, sentó las bases del modelo de telenovela local que imperó en los siguientes 40 años. El de los presupuestos millonarios, la competencia entre canales, la franja horaria previa a los noticieros centrales y la consolidación de un star-system criollo.

No está demás recordar los hitos de estas obras, que son parte de nuestra cultura y que poseen un lenguaje común que une a generaciones: La muerte de Nice en el  icónico final de “Angel Malo (1986) con una Carolina Arregui, incombustible hasta hoy, entregando una escena de antología; El asesinato de Pelluco en “Amores de Mercado”; la primera teleserie filmada en Isla de Pascua, “Iorana”; el primer personaje masculino interpretado por una actriz, que marcó una polémica de aquellas, en “Pampa Ilusión”, en fin son muchas escenas memorables que aún permanecen en inconsciente colectivo.

Las telenovelas es difícil que mueran. Representan un reflejo de la sociedad que vivimos, por eso, cuando un canal televisivo olvida esto se va a pique y fracasa. Basta recordar lo que pasó con TVN. Sin embargo, también hay ejemplos en contrario porque no se puede dejar de destacar a quien le dio “el palo al gato” con la fórmula del éxito de audiencia: María Eugenia Rencoret, responsable de los éxitos televisivos del género en la última década.

Suplemento semanal de Televitos, realizado por quienes tienen el Placer Culpable de amar los trabajos audiovisuales. Eso hace una gran diferencia.