La ciencia ficción suele mostrarnos ciudades futuristas llenas de pantallas, neones y tecnología imposible. Sin embargo, Futuro Desierto toma otro camino. La nueva serie de seis episodios disponible en Netflix nos transporta a un entorno natural y aislado donde las preguntas sobre el futuro resultan mucho más cercanas y humanas.
En este thriller psicológico y drama familiar seguimos la historia de Alex, un psiquiatra e ingeniero en robótica que llega junto a su familia a una remota zona de Chiapas para participar en un experimento con androides de apariencia humana. Allí aparece María, interpretada por Astrid Bergès-Frisbey, un personaje fascinante que constantemente desafía los límites entre la máquina y la conciencia.
Durante nuestra conversación, la actriz me contó qué fue lo que la sedujo de esta historia y por qué considera que la serie abre una conversación urgente sobre el futuro de la humanidad.
“Me gustó mucho que la serie explorara temas muy tecnológicos y muy del día de mañana, que nos prepara un poco para las grandes preguntas que van a surgir cuando convivamos con esta tecnología”, me explicó.

Pero para ella, lo más interesante es que detrás de toda la innovación tecnológica existe una profunda exploración emocional.
“Es un drama bastante psicológico. Cada episodio se enfoca en situaciones muy humanas: el duelo, los celos, el reemplazo de nuestros trabajos por máquinas. Todo se observa a través del prisma de estos seres que funcionan como un reflejo un poco distorsionado de nosotros mismos”.
Uno de los aspectos más inquietantes de Futuro Desierto es precisamente María. A medida que avanza la historia, el espectador comienza a preguntarse qué tan diferente es de un ser humano.
Por eso le planteé una de las grandes interrogantes que deja la serie: ¿el verdadero peligro es la inteligencia artificial o quienes la controlan?
Astrid se tomó unos segundos antes de responder.
“Esa es justamente la gran pregunta. Da mucho miedo pensar en seres que puedan ser más inteligentes que nosotros. Si tienen la capacidad de sentir el mundo como nosotros lo hacemos, empiezan a convertirse en algo vivo”.
La actriz profundizó aún más en esa idea.
“Nosotros sentimos lo que tenemos alrededor, pero ellos podrían estar conectados a miles de sensores al mismo tiempo. Una persona o una inteligencia con tanto poder puede dar miedo”.
Sin embargo, también cree que la serie cumple una función importante al acercar estos temas a todo tipo de público.
“Lo que está sucediendo hoy con la tecnología es real. La serie permite que cualquier persona pueda entender lo que está pasando y empezar a reflexionar sobre los límites que queremos ponerle a esa tecnología”.
Aunque la historia aborda conceptos futuristas, la producción posee una identidad latinoamericana muy marcada. Y eso, según Astrid, es una de sus principales fortalezas.
“Me gusta mucho cómo toda esa tecnología está integrada en un cine muy social. Lucía Puenzo siempre ha trabajado esa dimensión humana y eso se siente muchísimo en la serie”.
Uno de los ejemplos que más le impactó fue observar cómo la tecnología se cruza con problemáticas sociales profundamente arraigadas en el continente.
“Hay momentos en los que un androide es capaz de defender problemáticas sociales incluso mejor que los propios humanos. Eso me parece fascinante”.

La colaboración con los directores Lucía y Nicolás Puenzo también fue una experiencia especialmente enriquecedora.
“Se complementan increíblemente bien. Como actriz, a veces te encuentras con directores que tienen respuestas para algunas cosas y para otras no. Con ellos sentías que siempre había alguien que podía ayudarte a entender mejor una escena o un personaje”.
La actriz también destacó el trabajo visual de la serie y la capacidad de los realizadores para combinar una producción de gran escala con una mirada muy íntima.
“Tiene una apariencia de superproducción, pero fue realizada con un equipo que trabaja de manera muy cercana. Esa mezcla de tecnología, humanidad y compromiso social es una de las grandes fortalezas de la serie”.
Otro aspecto que llama la atención es la elección de locaciones naturales. En lugar de laboratorios futuristas, vemos androides caminando entre selvas, montañas y paisajes remotos.
Para Astrid, ese contraste potencia enormemente el relato.
“Ver a estos seres tecnológicos en medio de la naturaleza los hace parecer todavía más humanos. No están rodeados de computadoras o fábricas, sino enfrentándose a situaciones muy reales y muy orgánicas”.
Interpretar a María también representó un enorme desafío actoral. La actriz debía encontrar un delicado equilibrio entre las acciones programadas y las emociones que lentamente comienzan a surgir en el personaje.
“Fue todo un viaje descubrir ese punto medio donde María empieza a tener emociones sin entender completamente que las tiene”.
Incluso recuerda que al terminar las grabaciones sintió la necesidad de liberarse físicamente de toda la precisión que exigía el personaje.
“Cuando terminé de grabar quería correr, saltar y hacer el payaso. Estar todo el tiempo tan controlada y precisa era agotador”.
La relación entre María y Alex, interpretado por José María Yazpik, también fue uno de los elementos más complejos de construir.
“Trabajamos mucho juntos antes de comenzar el rodaje. Teníamos que entender cómo era convivir durante años con alguien que, al mismo tiempo, sabes que es una máquina”.
Y aunque la serie transcurre en 2035, Astrid cree que muchas de las preguntas que plantea ya forman parte del presente.
Cuando le pregunté si estamos preparados para convivir emocionalmente con androides como María, respondió con absoluta convicción:
“Eso es justamente lo que está haciendo la serie: prepararnos. Está sucediendo y probablemente ocurrirá antes de 2035. La idea es ayudar a las personas a entender cómo quieren que la tecnología forme parte de sus vidas”.
Quizás esa sea la gran virtud de Futuro Desierto. Más allá de sus misterios, sus conspiraciones y sus impresionantes androides, la serie nos obliga a mirar hacia adelante y preguntarnos qué significa realmente estar vivos.
Y después de ver sus seis episodios, es muy probable que cada espectador encuentre una respuesta distinta.







