Hay algo particularmente interesante en cómo el cine de terror contemporáneo está rescatando a sus monstruos clásicos. Ya no se trata solo de reboots espectaculares o aventuras épicas al estilo de The Mummy con Brendan Fraser (una de mis favoritas), sino de reinterpretaciones más personales, más oscuras y, sobre todo, más cercanas. En ese contexto, La Posesión de la Momia llega a los cines como una propuesta que entiende muy bien el terreno en el que juega.
Y lo hace con una idea clara: esto no es una película de momias tradicional. Es, ante todo, una película de terror. Desde sus primeros minutos, la cinta escrita y dirigida por Lee Cronin —quien ya había demostrado su afinidad por el horror visceral con Evil Dead Rise— deja en evidencia su intención de incomodar. Pero lo interesante es que no recurre únicamente a los sustos fáciles, que sí los hay, sino que construye una atmósfera constante de tensión que se mantiene durante todo el metraje.
LA PREMISA ES SENCILLA, PERO EFECTIVA
Una familia que intenta recomponerse tras la desaparición de su hija recibe una noticia imposible. La joven ha sido encontrada… 8 años después… dentro de un sarcófago. Lo que podría haber sido un milagro rápidamente se transforma en una pesadilla. Ese giro es clave.
Porque la película no se queda en el misterio arqueológico ni en la mitología egipcia clásica. En lugar de eso, traslada el horror al espacio más íntimo posible: el hogar. La casa familiar se convierte en el verdadero escenario del terror, y ahí es donde Cronin encuentra su mayor fortaleza narrativa.
Hay una clara influencia —y también una especie de declaración de amor— al universo de The Evil Dead. En varios momentos, La Posesión de la Momia se siente como un fanfic moderno de ese estilo de horror: posesiones intensas, cuerpos que se deforman, escenas incómodamente cercanas y una apuesta decidida por el exceso visual.
Y aunque eso puede jugarle en contra en ciertos pasajes —donde la película parece más preocupada de rendir homenaje que de construir algo completamente propio—, también es parte de su encanto. Porque Cronin entiende perfectamente lo que hace funcionar este tipo de cine.
EL RESULTADO ES UN HORROR FÍSICO, CASI TÁCTIL
La película apuesta fuerte por el body horror, hay algo profundamente perturbador en cómo se construyen ciertas escenas, especialmente en los primeros planos, en los detalles corporales, en lo grotesco.
A diferencia de otras producciones del género que dependen exclusivamente de los jumpscares, aquí la tensión se construye de manera progresiva. Hay una sensación constante de que algo no está bien. Y eso mantiene al espectador completamente atento. Incluso cuando la historia toma caminos más predecibles, la ejecución logra sostener el interés.
Otro punto a favor es cómo la película utiliza el concepto de posesión. Aquí la momia no es solo una criatura mitológica, sino una especie de entidad que invade, contamina y transforma. Esto acerca la historia más a películas de demonios que a relatos clásicos de momias, y le da un giro interesante al género.
EL DRAMA FAMILIAR
El dolor por la pérdida, la culpa, la sensación de que algo se rompió y nunca volvió a ser igual… todo eso está presente y le da una capa emocional que potencia el horror. Porque cuando el terror ocurre dentro de un núcleo familiar, el impacto es mucho mayor.
En cuanto a las actuaciones, el elenco cumple con creces. Jack Reynor y Laia Costa (Los padres) sostienen el relato con interpretaciones creíbles, especialmente en los momentos más intensos. Pero es en los personajes más afectados por la transformación (Natalie Grace) donde la película realmente brilla, logrando transmitir incomodidad sin caer en lo caricaturesco.
¿Funciona siempre? No del todo. Hay momentos donde la historia parece perder un poco el foco, y donde ciertas decisiones narrativas pueden sentirse más cercanas al homenaje que a la innovación. Es ahí donde aparece esa sensación de “fanfic”, de estar viendo una reinterpretación muy influenciada por sus referentes. Pero incluso en esos momentos, la película sigue siendo entretenida. Y eso es clave.
En definitiva, estamos frente a una película que entiende muy bien su lugar dentro del cine de terror actual. Una propuesta que toma un ícono clásico y lo reinterpreta desde una mirada más íntima, más cruda y más visceral. Puede que no sea perfecta. Puede que a ratos se sienta demasiado familiar. Pero también es una experiencia efectiva, intensa y, sobre todo, muy entretenida.
- Título Original: The Mummy
- Director: Lee Cronin
- País: Irlanda, Estados Unidos
- Año: 2026
- Género: Terror
- Duración: 2 horas 13 minutos
- Con: Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Natalie Grace, Shylo Molina, Billie Roy, Veronica Falcón, Hayat Kamille
- Guión: Lee Cronin
- Música: Stephen McKeon
- Producción: Jason Blum, James Wan
- Fecha de estreno: 16 de abril, 2026
- Distribuidora: Warner Bros.







