El Castigo

Menos de cinco meses después del estreno de su anterior película, llegó a la cartelera el nuevo largometraje de Matías Bize, un relato de tensión e incertidumbre filmado en el sur de Chile y que puede ser considerado como uno de los mejores trabajos de este realizador.
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A fines de mayo se estrenó “Mensajes privados” y, menos de cinco meses después, el director Matías Bize está de regreso en la cartelera local con una nueva película: “El castigo”, filmada en el sur de Chile y que cuenta con sus dos personajes principales interpretados por dos de los protagonistas del filme anterior, Antonia Zegers y Néstor Cantillana. Las primeras reacciones de los críticos y el público que ya la ha podido ver están siendo muy positivas y definitivamente podemos considerarla como uno de los trabajos más logrados del cineasta.

Además de que es muy poco habitual que un cineasta chileno estrene dos largometrajes en menos de un año, en este nuevo filme Bize, uno de los directores de este país con más reconocimiento internacional de su generación, tiene otros hitos muy significativos: luego de 15 años vuelve a colaborar con quien fuera director de fotografía en sus tres primeras películas, Gabriel Díaz -también destacado realizador, por ejemplo en la notable miniserie “Bala loca”-, y junto a éste, los actores y su equipo, asumió un nuevo desafío, al filmar toda la historia en un solo plano secuencia, vale decir sin cortar en todo el metraje, en una única toma desde el principio al final, algo que Bize y Díaz ya habían asumido en su ópera prima hace casi dos décadas: “Sábado”, donde también participaba Antonia Zegers, aunque en un rol más secundario.

Consolidación y madurez

“Sábado” fue un gran logro por muchas razones, entre las cuales por supuesto resaltaba el despliegue logístico y de puesta en escena que implicaba filmar todo en un plano secuencia a lo largo de una hora. El resultado quizás tenía sus limitaciones en términos técnicos y de presupuesto, e incluso en sus alcances argumentales, pero en el contexto del cine nacional más independiente y creativo que se estaba empezando a abrir camino en el panorama local, se sentía fresco, vital, espontáneo y con una indiscutible energía juvenil. 19 años después, “El castigo” se percibe indudablemente como un trabajo más consolidado, concentrado y maduro al servicio de una historia con mucho potencial para conectar con el espectador: Ana y Mateo son una pareja que viajaba en auto por una ruta en medio de un bosque, cuyo trayecto se ha visto interrumpido cuando la madre decidió dar un escarmiento a su hijo Lucas, obligándolo a bajar del vehículo por unos minutos, pero luego no vuelven a encontrarlo, lo que dará inicio a una preocupante situación a medida que va avanzando el tiempo y no encuentran rastro del niño.

Entre las recriminaciones, cuestionamientos y confesiones que inevitablemente irán surgiendo, de a poco la audiencia irá teniendo más información sobre la situación de la pareja, pero de todos modos la tensión e incertidumbre que experimentan los protagonistas se transmitirán al público. Se va conformando en este guion escrito por Coral Cruz, una trama con elementos de suspenso, terreno que hasta ahora el cine de Bize no había explorado y en el que consigue desenvolverse muy bien. A ello contribuye sin duda el uso del plano secuencia, un recurso que suele sorprender e impresionar a los espectadores y que por estos días es muy recurrente considerando otro reciente estreno en cines, el film británico “El chef” (Boiling Point), también filmado en una sola toma, o la francesa “Athena”, estrenada en la competencia del pasado Festival de Venecia y actualmente disponible en Netflix, en la que diversos planos secuencian son un notable acierto en lo visual y técnico. 

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El plano secuencia al servicio del relato

Afortunadamente, a diferencia de otras producciones en las que el plano secuencia es casi sólo una excusa para el despliegue logístico sin mayor justificación narrativa, en “El castigo” está empleado al servicio del relato y esa tensión y angustia crecientes que experimentan los padres. Como en algunos de sus títulos más recordados, ya sea “En la cama”, “La vida de los peces” o “La memoria del agua”, el gran tema que habitualmente aborda el cine de Bize son las relaciones de pareja, suerte de eje temático en su filmografía, que sigue estando muy presente acá en las vicisitudes de Ana y Mateo, además de otros temas que también se han ido haciendo más presentes en sus trabajos, como los lazos familiares y lo que implica ser padres y madres.

Buena parte de lo anterior también estaba en “Mensajes privados”, pero ahí se trataba de ocho relatos contados en primera persona y grabados individualmente a modo de videollamadas virtuales, mientras acá todo recae en ese matrimonio que está casi todo el tiempo en pantalla y que en las interpretaciones de Zegers y Cantillana se sienten creíbles, dolidos y frágiles. Sin el sólido aporte actoral -que incluye a la gran Catalina Saavedra en su primer rol en una película de Matías Bize- los resultados no serían los mismos, y además de sorprender con la precisión del plano secuencia el cineasta se confirma una vez más como acertado director de actores y actrices, junto con transmitir la inquietud y preocupación a los espectadores. Incluso la música, que siempre es muy relevante en el cine de Bize, acá recién aparecerá hacia el final en los créditos, lo que hace que el resultado general se sienta aún más despojado y naturalista.

Título original: El castigo
Director: Matías Bize
País: Chile-Argentina
Año: 2022
Género: Drama, misterio
Duración: 85 minutos
Guión: Coral Cruz
Con: Antonia Zegers, Néstor Cantillana, Catalina Saavedra, Yair Juri, Santiago Urbina
Producción: Adrián Solar
Fecha de estreno: 6 de octubre, 2022
Distribuidora: Market Chile