Fue la mano de Dios

Desde su estreno mundial en la competencia oficial del Festival de Venecia, donde recibió el Gran Premio del Jurado, la elogiada nueva película de Paolo Sorrentino ha seguido sumando premios: está nominada al Globo de Oro y preseleccionada al Oscar.

Las películas en las que un realizador evoca su infancia o adolescencia con la perspectiva del paso del tiempo son a estas alturas casi un subgénero cinematográfico en sí mismas. Ejemplos hay muchos y así como hace tres años Alfonso Cuarón cosechó aplausos y premios con su mirada en blanco y negro al México de hace medio siglo en “Roma”, este 2021 Kenneth Branagh está teniendo una entusiasta recepción con su “Belfast”, ambientada en la misma época, pero en Irlanda del Norte, también en blanco y negro y con la que está figurando entre los favoritos para obtener nominaciones a los premios de la Academia. Pero no es el único este año, porque quien también abordó su propio pasado en la pantalla grande y podría estar nominado al Oscar es el italiano Paolo Sorrentino con su más reciente filme: “Fue la mano de Dios”, que ya está disponible en Netflix, tres meses después de su estreno mundial en la competencia oficial del Festival de Venecia, donde recibió el Gran Premio del Jurado.

A sus 51 años y con una carrera que abarca ocho largometrajes previos desde que hace dos décadas estrenara su ópera prima, Sorrentino es sin duda uno de los principales directores del cine italiano actual, cuya gran consagración internacional llegó con la memorable “La grande belleza”, ganadora en 2014 del Globo de Oro y el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Tan cómodo trabajando con figuras internacionales como Sean Penn y Frances McDormand en “This Must Be the Place” (2011) o Michael Caine, Harvey Keitel, Rachel Weisz y Jane Fonda en “Youth” (2015), como en su incursión en las series con las exitosas “The Young Pope” (2016) y “The New Pope” (2019), lo más reciente que habíamos visto del realizador fue el año pasado, con un simpático segmento que fantaseaba con un hipotético encuentro entre la reina Isabel de Inglaterra y el Papa Francisco, e integraba la serie de cortometrajes de Netflix “Hecho en casa”, coproducción entre Chile e Italia que incluía distintos cortos hechos en pandemia por cineastas de todo el mundo.

Maradona y Fellini como inspiración

Además de su trofeo en Venecia, el regreso de Sorrentino ha estado teniendo una recepción muy positiva entre los críticos y cinéfilos, estuvo recientemente nominado en tres de las categorías principales de los Premios del Cine Europeo -Mejor Película, Director y Guion-, figura entre las nominadas al Globo de Oro y es una de las preseleccionadas al Oscar como Mejor Película Internacional. Aunque en sus trabajos previos el realizador ha explorado distintos ámbitos de la sociedad italiana contemporánea, nunca había optado por un enfoque tan autobiográfico y cercano a su propia historia: su alter ego acá es Fabietto, más conocido en su círculo cercano como Fabiè, un adolescente napolitano que vive con su familia y se encuentra en esa compleja etapa en la que debe decidir a qué dedicará su vida, sin tener nada muy claro, salvo su pasión por el fútbol, que se ve acentuada porque la trama se desarrolla a mediados de los años ’80, cuando corre el rumor de que Diego Armando Maradona podría llegar a jugar al Nápoles.

El célebre y ya fallecido futbolista argentino, quien ya había aparecido brevemente como personaje en “Youth”, marcará la vida del protagonista -y por ende del propio Sorrentino- en más de un aspecto, como lo sugiere el título que recuerda el mítico episodio sucedido en el Mundial de 1986 en México. Los aprendizajes del crecimiento, las primeras pulsiones sexuales, los lazos familiares y lo que implica conocerse mejor a sí mismo son parte de esta mirada al pasado, en la que una vez más los cinéfilos han encontrado ecos de la tradición fílmica italiana, en particular del universo felliniano.

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Si el caleidoscópico fresco de Roma y su gente que nos reveló “La grande belleza” fue para muchos una versión aggiornada de la legendaria “La dolce vita”, en este caso el referente ha sido otra ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera, “Amarcord”, en la que Fellini evocaba su juventud en Rimini. Como aquella, Fue la mano de Dios recurre mucho al humor, a la exageración, al tono casi farsesco y momentos casi oníricos y surrealistas, pero eso se dará más en la primera mitad, porque posteriormente también habrá espacio para el drama y su mirada será más sincera, íntima y melancólica, algo que subraya especialmente la banda sonora, que incluye melodías de autores del pasado como Gustav Holst y Ernest Bloch, pero también contemporáneos como Nico Muhly.

Y así la trama también nos recordará a otro clásico felliniano: “Los inútiles” (I vitelloni), en la que los jóvenes protagonistas debían tomar decisiones sobre su futuro. Y por si no bastara, el casting en Nápoles para una nueva película de Fellini es parte del argumento, cuando el mundo del cine empiece a atraer a Fabiè, incluyendo un rodaje dirigido por el realizador Antonio Capuano.

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Los actores y la ciudad

A pesar de los aciertos que hicieron de “La grande belleza” un título tan inolvidable, en general el cine de Sorrentino, por muy atractivo que indudablemente sea, también suele caer en los estereotipos, en los trazos gruesos, en los desbordes de ciertos personajes y situaciones. Acá el resultado también tiene bastante de eso, en especial en la forma en la que está retratada la parentela del protagonista. Sin embargo, con los giros que va tomando el argumento, puede que pierda en humor y exuberancia, pero gana en profundidad y emoción, y su retrato social y humano conforma un mosaico de indudable atractivo. Tal vez no es tan magistral como casi todo el mundo dice, pero de todos modos es un trabajo que logra ganarse el corazón del público, en especial cuando se va acercando el final.

Como suele ocurrir con las producciones dirigidas por Sorrentino, destacan especialmente las actuaciones, encabezadas por Filippo Scotti, quien en estos días cumplió 22 años y en apenas su segunda película y primer rol protagónico, aporta las dosis precisas de frescura y espontaneidad a su Fabiè, sensible y tímido, pero a la vez ansioso de tener nuevas experiencias en todos los ámbitos de la vida.

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No es de extrañar que en el debut mundial del filme en Venecia recibiera el Premio Marcello Mastroianni a la mejor actuación juvenil, porque su interpretación se complementa muy bien con las de sus colegas más experimentados, partiendo por el actor más asociado con la filmografía de este cineasta (ha participado ya en seis de sus nueve largometrajes): Toni Servillo, memorable como Jep Gambardella en “La grande belleza” y quien acá encarna al padre del protagonista. También destacan especialmente Teresa Saponangelo como la madre, y Luisa Ranieri en el rol de la tía Patrizia, cuya mezcla de desinhibida sensualidad y melancólico abandono cala hondo en el espectador.

Y aunque suene a lugar común, el otro gran protagonista en Fue la mano de Dios es Nápoles: desde la hermosa secuencia inicial y con un gran uso de las locaciones -tanto de algunos de sus lugares más emblemáticos como de los más pintorescos rincones-, con el mar Tirreno y el Vesubio a la vista en distintos momentos, la ciudad no es sólo un bonito telón de fondo sino que se siente viva y real, retratada en toda su belleza (gran mérito de la directora de fotografía, Daria d’Antonio) pero también con sus contradicciones, al igual que Fabiè y quienes lo rodean.

Título Original: È stata la mano di Dio
Director: Paolo Sorrentino
País: Italia-Estados Unidos
Año: 2021
Género: Drama
Duración: 130
Con: Filippo Scotti, Toni Servillo, Teresa Saponangelo, Marlon Joubert, Luisa Ranieri, Renato Carpentieri, Massimiliano Gallo, Betty Pedrazzi
Guión: Paolo Sorrentino
Música: Lele Marchitelli
Producción: Lorenzo Mieli, Paolo Sorrentino
Fecha De Estreno: 15 de diciembre, 2021
Web: Ver Acá
Plataforma: Netflix

Suplemento semanal de Televitos, realizado por quienes tienen el Placer Culpable de amar los trabajos audiovisuales. Eso hace una gran diferencia.