Los años más bellos de una vida

Más de medio siglo después de la clásica Un hombre y una mujer, los hoy octogenarios Jean-Louis Trintignant, Anouk Aimée y el director Claude Lelouch se reencuentran en esta nostálgica y otoñal secuela, en la que se evoca la historia de amor que los unió en 1966.

Por estos lados, la última vez que vimos en un estreno comercial en cartelera a Jean-Louis Trintignant fue hace casi una década, en la conmovedora y dolorosa Amour, mientras a Anouk Aimée no la teníamos en la pantalla grande desde hace un cuarto de siglo, cuando integró el reparto coral de Prêt-à-porter, la mirada de Robert Altman al mundo de la moda, ambientada en París. En cuanto al cineasta Claude Lelouch, si mis recuerdos y la información que manejo no me fallan, la última vez que se estrenó comercialmente en la cartelera local una película suya fue a mediados de la década de los ’80, cuando en “Un hombre y una mujer, 20 años después” volvió a reunir a los ya mencionados actores en una secuela del título que se convirtió para estos tres iconos del cine francés en un hito de sus respectivas carreras.

Ahora, dos años después de su premiere mundial en el Festival de Cannes, en la recién estrenada “Los años más bellos de una vida” nos reencontramos con el director, sus actores y personajes a más de tres décadas de la última vez que se les vio juntos y más de medio siglo después del filme original. En todo este tiempo los tres se han mantenido activos y vigentes, pero el tiempo no ha pasado en vano, tanto para ellos como para nosotros los espectadores: por ejemplo, en mi caso personal el cine donde vi a Aimée en Prêt-à-porter ya hace muchos años que no existe y cuando se estrenó la película de Lelouch aún no tenía la edad para ver películas para un público adulto. Y en la pantalla vemos a un Trintignant de apariencia frágil y débil, junto a una mejor conservada Aimée; en el momento del rodaje, él tenía 88, ella 86, y su director 81.

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El paso del tiempo como impulso creativo

En vez de ser un obstáculo o un problema para la credibilidad de la historia, el paso del tiempo es lo que impulsa el mecanismo narrativo de “Los años más bellos de una vida”. La pareja de viudos a la que el mundo conoció en 1966, el piloto de carreras Jean-Louis Duroc y la guionista Anne Gauthier, no se ha vuelto a ver durante décadas -a juzgar por este nuevo film hay que pretender que la secuela de 1986, que poca gente vio y casi nadie recuerda, nunca hubiera existido-, y hoy él está viviendo en una residencia para adultos mayores, con una memoria cada vez más errática, aunque el recuerdo de quien fue el gran amor de su vida parece ser lo único que no desaparece del todo. Y justamente a partir de eso, su hijo Antoine buscará a Anne para pedirle que visite a su padre, algo a lo que ella en un principio se muestra reticente y tiene sus razones: «Las cosas no terminaron bien», se justifica, explicando que básicamente Jean-Louis «era un infiel profesional».

Ese reencuentro y las sucesivas visitas y conversaciones de los ex amantes son la base y la razón de ser de esta película. Un recurso que sólo el cine nos permite como espectadores: volver a ver a los personajes y actores que conocimos, darnos cuenta de cómo ha pasado el tiempo y al mismo tiempo advertir cómo nosotros mismos quizás ya no somos los de entonces, o entremedio han pasado muchas cosas en nuestras vidas, como también les sucede a los protagonistas.

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Personajes que hemos visto madurar en pantalla

Truffaut lo hizo con el Antoine Doinel de Jean-Pierre Léaud, a quien vimos crecer en la pantalla a lo largo de dos décadas, desde su adolescencia en la legendaria “Los 400 golpes” hasta su madurez en “El amor en fuga”; en “Saraband”, Bergman retomó 30 años después a los protagonistas de sus “Secretos de un matrimonio”; en 1990 Ford Coppola trajo de regreso para una tercera parte al Michael Corleone de “El Padrino”, que las audiencias habían visto por última vez en 1974; en 1995, con “Antes del amanecer” Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy dieron inicio a lo que terminaría convirtiéndose en una memorable trilogía. Y así, hay varios ejemplos más de esta oportunidad que nos ofrece el cine y que tiene su más reciente exponente en “Los años más bellos de una vida”, donde no sólo regresan los protagonistas, sino además Souad Amidou y Antoine Sire, que encarnan a sus respectivos hijos, son los mismos que aparecían en la primera cinta cuando eran niños.

Y cómo no, es inevitable que quienes alguna vez vieron “Un hombre y una mujer” se conmuevan al ver nuevamente junta a la pareja, ahora en el que probablemente es el ocaso de su vida y confirmando que aún conservan su innegable química y carisma. Y el recurso no se restringe a esa película, ya que al volver a ver en pantalla a dos emblemáticas figuras del cine europeo como Aimée y Trintignant, se vendrán a la memoria los clásicos donde los hemos visto: a ella en Lola, La dolce vita y 8 1/2,  a él en Il sorpasso, Z, Mi noche con Maud, El conformista, Confidencialmente tuya, Rouge y tantos otros.

«Los años más bellos de una vida son los que aún no hemos vivido», es la cita de Victor Hugo que abre el filme y que además motiva su título, y da el sentido a todo lo que veremos. El mismo actor al que en 2012 vimos preocupado por el creciente deterioro de su esposa en “Amour” encarna ahora a un personaje cuya mente ya no le responde (aunque los sueños y la imaginación le permiten una vía de escape), debe desplazarse en una silla de ruedas y parece cansado y resignado frente a lo que tarde o temprano va a llegar: «Aquí no se vive, se espera la muerte», le dirá a Anne en algún momento, a quien por momentos no parece distinguir, aunque ocasionalmente surgen los recuerdos, como cuando reconoce la manera en que ella se acomoda el cabello.

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La mezcla entre el pasado y el presente

 Y la propuesta de Lelouch encuentra su apoyo en una idea que a primera vista es bella y genial: intercalar frecuentemente escenas de la película original, a veces de manera antojadiza, en otros instantes casi como comentario paralelo o contrapunto de las imágenes actuales. Volver a verlos nuevamente jóvenes, guapos y llenos de energía, y contemplarlos en el nuevo filme, es un ejercicio que puede ser a la vez agridulce, entrañable y nostálgico. Y le da un carácter especial, porque los recuerdos de los personajes no están filmados desde su propia perspectiva, sino que son finalmente las escenas de la película de hace 55 años, lo que le da un sentido muy particular como lenguaje y comunicación.

Es lo que nos permite el cine, un arte que ya estaba muy presente en las vidas de los personajes en el filme de 1966 y que ahora también tiene sus ecos: «Todas las historias de amor terminan mal, sólo en las películas terminan bien», dirá en una escena Jean-Louis, cuyo hijo también está ligado a lo fílmico e incluso en un momento aprovecha de hablar de esa joya neorrealista que es “Ladrón de bicicletas”.

La dificultad de todo esto es no conformarse sólo con la mirada otoñal y condescendiente de mirar al pasado y es ahí donde Lelouch no consigue dar aún más relieve y profundidad al resultado. No hay demasiada trama que desarrollar, el realizador parece confiar demasiado en la fuerza de su idea, en el encanto de ver nuevamente juntos a Trintignant y Aimée, en la nostalgia de los espectadores y en lo icónico de las imágenes y del clásico de 1966, que después de un rato se empiezan a sentir demasiado constantes y reiterativas. Incluso, el cineasta aprovecha de incorporar en la historia un recordado suyo de 1976, C’était un rendez-vous, desaforada carrera al amanecer de un automóvil por las calles del centro parisino.

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Los ecos del filme original

Quienes siempre han cuestionado el cine de Lelouch como de escaso vuelo, edulcorado y sin demasiadas ideas podrían tener acá nuevos argumentos, considerando que el filme no desarrolla todo el potencial que pudo tener como reflexión sobre el amor, la memoria, el paso del tiempo y las oportunidades perdidas o desaprovechadas. No hay que olvidar que, aunque “Un hombre y una mujer” ganó la Palma de Oro en su estreno mundial en el Festival de Cannes -donde también debutó en 2019 “Los años más bellos de una vida”- y consiguió premios internacionales como el BAFTA, el Globo de Oro y dos Oscar incluyendo Extranjera, hay críticos que siempre la han mirado en menos, considerándola cursi, superficial y sensiblera.

Pero al menos yo creo que la cinta original es en verdad encantadora, con una frescura visual y narrativa en su puesta en escena y montaje que le debe mucho a la Nueva Ola Francesa que se desarrollaba en esos años en el cine galo y dos protagonistas irresistibles. Además, la ya clásica banda sonora de Francis Lai, fallecido en 2018 y a quien está dedicado este nuevo filme, junto al productor Samuel Hadida y el cantautor Pierre Barouh, quien interpretaba la célebre canción central junto a Nicole Croisille; esta última, hoy también octogenaria, vuelve a cantar acá, ahora junto a Calogero, autor del soundtrack en el que de vez en cuando reaparecen las inmortales melodías de Lai, que muchos no soportan, pero hay que reconocer que son muy contagiosas.

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Si de todos modos” Los años más bellos de una vida” consigue cautivar a los espectadores, es por méritos que van más allá de la película misma y tienen que ver con emociones, pequeños instantes -como la breve pero hermosa aparición de Monica Bellucci-, sensaciones que despiertan con el recuerdo y la nostalgia. Eso a la vez y, de manera inesperada, la conecta con otros títulos del último año donde delante o detrás de cámaras la vejez se ha hecho presente, con sus aspectos más ingratos o como en este caso, con una cuota de dulzura, placidez y esperanza. Lelouch se une a otros veteranos realizadores que ha regresado a la cartelera, como Polanski y Eastwood.  Jean-Louis Duroc y Anne Gauthier nos ofrecen otras formas de enfrentar el paso de los años, como antes vimos a don Sergio en “El agente topo”, en “El padre”, los amigos que se encontraba en la ruta la protagonista de “Nomadland”, o Mike Milo, el protagonista de “Cry Macho”.

Título Original: Les plus belles années d’une vie
Director: Claude Lelouch
País: Francia
Año: 2019
Género: Romance, drama
Duración: 90 minutos
Guión: Claude Lelouch
Con: Anouk Aimée, Jean-Louis Trintignant, Souad Amidou, Antoine Sire, Marianne Denicourt, Monica Bellucci
Música: Francis Lai, Calogero
Producción: Samuel Hadida, Victor Hadida, Claude Lelouch
Fecha De Estreno: 21 de octubre
Distribuidora/Plataforma: CDI Films / En salas de Cinemark, Cinépolis, Cineplanet y Cine El Biógrafo

Suplemento semanal de Televitos, realizado por quienes tienen el Placer Culpable de amar los trabajos audiovisuales. Eso hace una gran diferencia.