Mensajes Privados

Ganadora de dos premios en su estreno mundial en el Festival de Málaga, llegó a la cartelera la nueva película de Matías Bize, en la que nos presenta ocho relatos contados en primera persona, que conforman un trabajo sensible e intimista realizado en plena pandemia.

Tres años después del estreno de su anterior película, “En tu piel”, el realizador Matías Bize está de regreso en la cartelera local con su más reciente trabajo: “Mensajes privados”, que puede ser considerado un regreso por partida doble, ya que además de traer de vuelta a la pantalla grande a uno de los directores chilenos con más reconocimiento internacional de su generación, es su retorno al cine de su país, considerando que su filme anterior, una nueva versión que dirigió él mismo de una de sus producciones más recordadas –“En la cama”-, fue filmada en República Dominicana.

Pero de todos modos “Mensajes privados” es un proyecto que también trasciende las fronteras, en este caso a partir de su génesis y su propuesta visual y narrativa: se trata de ocho relatos contados en primera persona y grabados individualmente a modo de videollamadas virtuales, verdaderos monólogos que aunque fueron registrados por separado en lugares distintos e incluso en países diferentes, se van intercalando y desarrollando en paralelo a lo largo de poco más de 70 minutos. Así como en su ópera prima, “Sábado” (2003) la cámara seguía permanentemente a su protagonista, en “En la cama” (2005) se centraba en una pareja encerrada en una sola locación y en “Lo bueno de llorar” (2007) acompañaba a otra pareja a lo largo de una noche en Barcelona. En su séptimo largometraje -y a casi dos décadas después del primero- Bize nos propone así otra apuesta formal, en la que podemos encontrar inevitables conexiones con su filmografía, en especial en su tono y espíritu. 

Videollamadas pandémicas

Considerando que, a lo largo de los últimos dos años, con sus cuarentenas y encierros forzados a cuestas, el contexto motivó diversas producciones grabadas en tiempos pandémicos, como por ejemplo la coproducción entre Chile e Italia “Hecho en casa” o el elogiado unipersonal Bo Burnham:”Inside” -ambas estrenadas en Netflix-, más de alguien podría considerar que estamos ante algo similar. Pero esas realizaciones se pudieron ver sólo en plataformas de streaming, en cambio esta película chilena llegó a los cines y verla en pantalla grande acentúa aún más algunos de sus rasgos más característicos: un formato tan casero, íntimo, directo y reconocible a partir del 2020 como una llamada de Zoom adquiere acá ecos incisivos y reveladores, que introduciendo una innovación con respecto a los anteriores filmes de Bize, acá entrecruzan la realidad y la ficción, lo que por momentos le da un matiz incluso documental. Porque algunos de los relatos poseen una impronta totalmente personal, lo que se refleja en los créditos, ya que además del cineasta, como guionistas -y también en la dirección de fotografía- aparecen mencionadas cada una de las ocho personas que veremos frente a la cámara contándonos sus historias, evocaciones o recuerdos. 

Y esos ocho rostros que grabaron su participación para Bize incluyen desde la actriz más asociada con su filmografía desde sus primeros cortometrajes -Blanca Lewin, quien no tenía una película dirigida por él desde hace más de una década, con “La vida de los peces”- y otros actores que hemos visto antes en su cine, como Antonia Zegers, Néstor Cantillana y la pareja protagonista de “Lo bueno de llorar”, los españoles Vicenta Ndongo y Alex Brendemühl, hasta Nicolás Poblete, la argentina Verónica Intile e incluso el compositor y cantante chileno (mellamo) Sebastián. El estreno mundial fue en España, un país donde el cine del realizador ha tenido importantes hitos, incluyendo la nominación al Goya y premio principal en la Seminci de Valladolid para “En la cama”; la filmación de “Lo bueno de llorar”; y el Goya a la Mejor Película Iberoamericana para “La vida de los peces”. Ahora la premiere de “Mensajes privados” fue en el Festival de Málaga, donde recibió dos premios, uno de ellos la Biznaga de Plata para la Mejor Interpretación Masculina de Reparto, para Poblete. 

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Reflexiones vitales, relatos entrecruzados

Entre lo que nos cuentan estas ocho personas una vez más vuelven a aparecer las relaciones de pareja, que ha sido siempre una suerte de eje temático en el cine de Bize, pero esta película ya no sólo se apega a eso, porque también aparecen otros aspectos que de una u otra manera ya se habían abordado en su filmografía -los lazos familiares, el ser padres y madres, los traumas del pasado que marcan el presente- y otras reflexiones vitales que de seguro funcionarán como un mosaico de lo que tanta gente pensó durante estos dos años de pandemia, como dicen algunas de las frases que oiremos durante este film: «aprender a desaprender», «convivir con uno mismo», «aprender a caminar de nuevo»… En general el tono que predomina es severo, dramático e incluso sombrío y doloroso, salvo algunos momentos de Vicenta Ndongo, cuya reflexión personal incluso permite algunos instantes simpáticos y luminosos.

Como suele ocurrir en este tipo de películas compuestas por distintos episodios o historias separadas, es inevitable que independientemente de los desempeños interpretativos de cada una de las ocho personas, algunos de los relatos destaquen por sobre otros o tengan un desarrollo más logrado y orgánico. Esto dependerá en buena medida de la percepción y sensibilidad particular de cada espectador, que probablemente conectará mejor con algunos más que con otros. Considerando que cada segmento fue grabado por separado, hay un innegable mérito en la labor del montajista Rodrigo Saquel -el otro premio del filme en Málaga fue para él- al entrelazarlos de manera fluida, casi como si fueran parte de un mismo discurso. La manera en que todo confluye hacia el final, uniendo las imágenes a la música, le da al conjunto un sentido catártico, que sirve muy bien como conclusión y catalizador de emociones. 

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No sería de extrañar que más de alguien encuentre que el resultado es un poco plano e incluso reiterativo, considerando la propuesta visual y argumental; pero no se puede negar que acá Bize es muy coherente con el cine que ha estado haciendo durante estas dos décadas, por más que en esta ocasión su método de trabajo probablemente haya debido adaptarse a las circunstancias, ya que no podía estar personalmente con sus protagonistas o dándoles indicaciones inmediatas durante la grabación de sus intervenciones, un elemento importante considerando que habitualmente el realizador consigue sólidas actuaciones de sus actores y actrices. Sin embargo, al parecer eso no fue un obstáculo, pues si bien algunos de los relatos no consiguen profundizar demasiado o calar más hondo, o tal vez requerían más peso y desarrollo -como en buena medida le ocurre a los de Cantillana, Brendemühl, Intile y (mellamo) Sebastián-, en otros su alcance emocional y calidez es innegable, como ocurre especialmente con los segmentos de Nicolás Poblete y Vicenta Ndongo. Para el cineasta probablemente haya sido una forma distinta de crear, pero que de todos modos conforma un film sensible y humano como los que ha filmado en el pasado, en donde lo privado a lo que hace mención el título adquiere acá otro matiz, y la sinceridad, algo que se valora cada vez más en estos tiempos que vivimos, es fundamental, más aún considerando que por las características formales de lo que vemos en pantalla, da la impresión de que nos están hablando e interpelando directamente a cada uno de nosotros. 

Título Original: Mensajes privados
Director: Matías Bize
País: Chile
Año: 2022
Género: Drama
Duración: 77 minutos
Guión: Matías Bize, Antonia Zegers, Blanca Lewin, Nicolás Poblete, Néstor Cantillana, Vicenta Ndongo, Alex Brendemühl, Verónica Intile, (mellamo)Sebastián
Con: Antonia Zegers, Blanca Lewin, Nicolás Poblete, Néstor Cantillana, Vicenta Ndongo, Alex Brendemühl, Verónica Intile, (mellamo)Sebastián
Música: Rodrigo Jarque, (mellamo)Sebastián
Producción: Adrián Solar
Fecha De Estreno: 26 de mayo
Distribuidora: Market Chile

Suplemento semanal de Televitos, realizado por quienes tienen el Placer Culpable de amar los trabajos audiovisuales. Eso hace una gran diferencia.