Pacto de fuga

Recomendable para aquellos que quieren conocer parte de la historia ficcionada de nuestro país en los convulsionados años 90, sin esa costumbre de exacerbar el pensamiento político.

Una película que ficciona un hecho real ocurrido hace 30 años, cuando 49 presos del Frente Manuel Rodríguez y del partido Comunista escaparon desde la Cárcel Pública, ubicada en ese entonces en calle General Mackenna, frente al cuartel central de la Policía de Investigaciones. El documento fílmico, dirigido por David Abdala.

Situada en 1990, lo primero que llama la atención es la contextualización de la época en Chile, con una vista aérea de la hoy demolida cárcel, cerca de la Estación Mapocho y del río del mismo nombre. Complementa esta escena un televisor que pasa la franja del NO y registros audiovisuales de Augusto Pinochet y sus ministros. El broche final es la canción “El baile de los que sobran” de Los Prisioneros. 

Este drama de tiene un buen reparto, encabezado por y Roberto Farías, acompañados de Francisca Gavilán, Víctor Montero, Amparo Noguera y Willy Semler. Los dos primeros encarnan a León Vargas y Rafael Giménez, respectivamente, los líderes detrás de la operación de escape “Éxito” y que, pese a ser ficticios, encarnan a más de alguno de los verdaderos protagonistas de la fuga. Ellos tomaron el camino de las armas con todo lo que implica: una vida personal semi-destrozada o simplemente inexistente: a Vargas le mataron a su familia y a Jiménez lo dejó su mujer, militante como él. Porque, ante todo, se trata de una película de profunda vocación masiva.

Vargas y Jimenez son totalmente opuestos, el primero es un ingeniero silencioso, culto y atormentado, mientras que el otro es explosivo y rabioso aunque igual de perdido. Una vez que logran llegar a la cárcel desde otros centros penales, comienzan a reclutar ayudistas para cavar el túnel que los llevaría a su libertad. Fueron casi dos años de arduo trabajo, una verdadera obra de ingeniería de 80 metros de largo, con sistemas de ventilación artesanales e iluminación. La tierra que sacaban la ponían en el entretecho, con una entrada camuflada por un poster.

La trama gira en torno a la vida en prisión, la excavación, la continua presencia de los gendarmes a través de allanamientos y castigos varios y un fiscal militar. Siempre en los filmes estos personajes son parecidos: sobreactuados, de anteojos ojalá oscuros, poco inteligentes y absolutamente cuadrados en su pensamiento anti terrorista y/o anti comunista. Las simpatías hacia ciertos protagonistas es parte del producto, así como la antipatía.

Es meritorio que Abdala tome la inteligente decisión de alejarse del clásico y típico estilo de «películas sobre la dictadura» tanto para contar la de la fuga, como para crear esa atmósfera aplastante de una cárcel, con ribetes de y suspenso. Es una buena historia, bien contada, con buenos actores y con todos los ingredientes de la época: los ideales de lucha contra la dictadura, que en ese momento se cae casi a pedazos y que finalmente terminó con un plebiscito; la abogada de DDHH que vela por todos los presos, el cura que ayuda en todas y una red de colaboradores clandestinos.

Varias anécdotas rodean este caso en lo real, de hecho la más difundida fue cuando uno de los evadidos quedó atascado en la boca de salida del túnel debido a su exceso de peso, lo que permitió su captura y la de todos los que estaban detrás y no podían moverse. Muchos lograron salir del país, otros fueron detenidos en hechos delictuales posteriores y otros fueron indultados durante el gobierno de Alwyn.

Recomendable para aquellos que quieren conocer parte de la historia ficcionada de nuestro país en los convulsionados años 90, sin esa costumbre de exacerbar el pensamiento político.