Review de Come From Away

Precisamente en estos días en que se conmemoran dos décadas del 9/11 estadounidense, Apple TV estrena una entretenida y dinámica versión filmada en vivo de este exitoso y premiado musical, inspirado en una historia real en la que con una efectiva mezcla de humor y emoción se ven los efectos colaterales de esa tragedia.

Definitivamente, Come from Away ha sido uno de los grandes éxitos de la última década en el género de los musicales. Su génesis se remonta a casi una década, desde su debut en Canadá en 2013, hasta su aplaudido estreno en Broadway en 2017, donde a la entusiasta recepción de público y crítica se agregarían siete nominaciones a los premios Tony, incluyendo Mejor Musical, Mejor Libreto de un Musical y Mejor Música Original – en casi todas las categorías fue derrotada por la gran ganadora de esa edición, Dear Evan Hansen, cuya versión fílmica se estrenará próximamente-, y posteriormente llegaría al West End de Londres, donde fueron nominados a nueve Laurence Olivier Awards, los trofeos más cotizados de la escena británica, de los cuales obtuvo cuatro, incluyendo Mejor Nuevo Musical. 

Con esos logros, no es de extrañar que empezara a cobrar fuerza la idea de llevar la pieza al cine, un proyecto que se anunció a fines del mismo año del debut en Broadway, en 2017; pero la pandemia obligó a cambiar los planes, y finalmente este año se optó por filmar una función en vivo en el mismo escenario neoyorquino donde se convirtiera en un hit, el centenario Gerald Schoenfeld Theatre. Y esa producción, contando como realizador audiovisual con el mismo teatral que ganó el premio Tony por el montaje original de Broadway, Christopher Ashley, es la que desde este viernes 10 de septiembre se podrá ver en TV, en una fecha muy significativa considerando el argumento de esta obra, en estos días en que se cumplen 20 años de la caída de las Torres Gemelas.

Los ecos de los atentados

Sí, porque Come from Away se basa en hechos reales, desencadenados precisamente por los atentados del 9/11: luego de que se suspendieran todos los vuelos hacia Estados Unidos cuando se decretó el estado de emergencia en medio de la incertidumbre inicial por lo sucedido, 7.000 pasajeros de 38 aviones de distintas líneas aéreas se ven obligados a permanecer en una pequeña localidad canadiense, Gander, en la isla de Newfoundland, que alberga un aeropuerto internacional que alguna vez fue muy estratégico para los vuelos transoceánicos, y aún en la actualidad puede funcionar como «plan B» en casos de emergencia, como lo que ocurrió en esos días de septiembre de 2001. 

Y serán las relaciones que de a poco se van entablando entre los habitantes del pueblo y los pasajeros «venidos de lejos» -como dice el título original- las que dan vida a este musical cuya efectiva mezcla de humor y emoción permite una forma distinta de acercarse a estos dolorosos acontecimientos que han dado origen a tantas producciones audiovisuales a lo largo de las dos décadas transcurridas: desde ficciones basadas en los hechos reales como Las Torres Gemelas (World Trade Center), de Oliver Stone, y la angustiante Vuelo 93 (Flight 93) de Paul Greengrass, hasta los títulos que en estos días estrenó Netflix en el marco del aniversario, el basado en hechos reales ¿Cuánto vale la vida? (Worth) y la serie documental Punto de inflexión (Turning Point).

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Calidez y humanidad a partir de la tragedia

Quizás más de alguien podría pensar que abordar un contexto como este, habitualmente asociado a un hecho trágico, con un enfoque que descansa en la comedia y en lo musical, podría ser una manera de trivializar lo sucedido; pero muy por el contrario, justamente el punto de vista, al ser tangencial y permitir tomar distancia, le da más calidez y humanidad, y ayuda a que la obra se convierta en algo distinto y hasta más incisivo y conmovedor que muchas de las otras ficciones surgidas a partir del 9/11. 

Y la emoción de Come from Away tiene ingredientes extra en esta versión filmada, que van más de la obra misma y de su conexión con la tragedia que se conmemora este fin de semana: grabada en mayo pasado, la función que vemos en TV era la primera en recibir espectadores presencialmente después de 14 meses, debido al cierre obligado de los espectáculos por la pandemia en Broadway (de hecho, al inicio vemos al público llegando al teatro, con sus ineludibles mascarillas), que recién este mes de septiembre está reabriendo sus salas de manera masiva. Y justamente ver la obra en estos días de reapertura teatral, filmada en una sala de la ciudad donde sucedieron los atentados, en la misma Gran Manzana que además lo pasó tan mal en el contexto pandémico, por culpa de un virus que también arrebató vidas de seres queridos y alteró muchas existencias para siempre, le da nuevos alcances y resonancias al mensaje de este musical, que nos habla de esperanza, superación y resiliencia, de los lazos humanos que se establecen en medio de las adversidades. Todos conceptos que han cobrado nueva importancia en todo el mundo durante este último año y medio.

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Del escenario a la pantalla

Inevitablemente habrá quienes se acuerden de Hamilton, actualmente nominada a 11 premios Emmy, la versión grabada de una función en vivo de uno de los grandes fenómenos recientes del género musical, que Disney+ estrenó el año pasado en plena pandemia, y que generó divergencias y debates entre los críticos sobre si podía ser considerada como una película, o sólo una obra musical filmada, en especial cuando en los Globos de Oro fue nominada como Musical o Comedia. Con Come from Away puede ocurrir lo mismo, y personalmente, creo que ambas producciones son efectivamente obras filmadas, registradas con una calidad artística incuestionable y de enorme profesionalismo, pero que no pueden ser consideradas directamente como películas, lo que no es obstáculo para reconocer sus muchas virtudes.  

Como obra, Come from Away es distinta a Hamilton en muchos aspectos. Su propuesta musical es mucho más tradicional, lo que no disminuye el atractivo de la partitura escrita por David Hein e Irene Sankoff, dupla creativa y pareja en la vida real, quienes escribieron tanto el libreto como la música; la pieza es más coral, no hay protagonistas tan excluyentemente definidos, y los actores y actrices del talentoso, multigeneracional y sólido elenco interpretan más de un rol, lo que tal vez influye en que no haya demasiados momentos solistas de esos que paran el show en otras obras -aunque igual hay notorias excepciones, como los bellos solos «I am Here» y «Me and the Sky», o el dúo «Stop the World»-, pues prevalece un concepto colectivo, grupal, muy acorde con el espíritu de la trama. Eso no significa que no haya segmentos memorables: en su mayor parte los números musicales son energéticos y contagiosos, como queda claro desde el inicio con la fuerza de «Welcome to the Rock», o posteriormente con «28 Hours/Werever We Are», pero también hay instantes más sensibles y delicados. En la composición los expertos en musicales encontrarán entre otros ecos de esa leyenda del género que es Stephen Sondheim, pero el espectro es amplio, y llega hasta los sones más folclóricos y tradicionales de toda la escena en que los lugareños comparten una divertida velada con los afuerinos en el bar local, donde hasta bailan: «In the Bar/Heave Away» y «Screech In», que recuerda a algunos momentos de musicales clásicos, e incluye uno de los dos simpáticos guiños que aparecen en la obra al «My Heart Will Go On» de Celine Dion en Titanic.

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La potencia de los recursos visuales y el elenco

Se nota que el realizador a cargo de esta filmación de la obra es el mismo del montaje teatral, porque Christopher Ashley aprovecha muy bien los recursos visuales, como los planos cenitales, para resaltar los distintos momentos, y sabe poner las cámaras donde se potencia más lo escénico. Por supuesto que en este tipo de producciones nada iguala o supera la sensación de estar en el mismo teatro viendo al elenco cantando y actuando en vivo, pero en este caso se transmite la energía y vitalidad de lo teatral, complementando con recursos cinematográficos, como el montaje, que aporta aún más ritmo, fluidez y dinamismo a lo que vemos como espectadores. Y se nota que en el teatro todos lo estaban pasando muy bien, a juzgar por los aplausos y risas. 

Y en el resultado final son fundamentales los actores y actrices, que dotan de vida, calidez y humanidad a sus personajes: a través de ellos conocemos las inquietudes, temores e incertidumbres de los pasajeros y la capitana del vuelo, pero también las de los habitantes de ese pueblo donde todos se conocen, desde el alcalde a los ciudadanos más comunes. Son muy oportunas las observaciones sociales que va desplegando la obra, o cómo retrata a sus personajes, como la capitana Beverley Bass, o la pareja gay en la que ambos se llaman Kevin, o el lazo que surge entre dos pasajeros, y la conexión que se da entre una profesora del pueblo, Beulah, y una pasajera, Hannah, preocupada por el de su hijo bombero que estaba en Nueva York cuando sucedieron los atentados. Porque aunque no sea el centro de Come from Away, la sombra de lo que sucedió en ese 9/11 se sugiere y reaparece en distintos momentos, ya sea cuando los pasajeros se enteran de lo ocurrido por las noticias, en la desconfianza e inquietud que surgen por un pasajero egipcio o quienes no hablan inglés, o por la forma en que esta tragedia los lleva a reflexionar sobre sus propias vidas. Y eso logra hacer eco en el espectador, tanto como el humor, la simpatía y la esperanza de este musical entrañable.

Título Original: Come from Away
Director: Christopher Ashley
País: Estados Unidos
Año: 2021
Género: Musical, comedia,
Duración: 107 minutos
Con: Petrina Bromley, Jenn Colella, Joel Hatch, Astrid Van Vieren, Q. Smith, Tony LePage, Caesar Samayoa, Emily Walton, De’Lon Grant
Guión: David Hein, Irene Sankoff
Música: David Hein, Irene Sankoff
Producción: Bill Condon, Mark Gordon, Nick Meyer, Jennifer Todd
Web: Ver Acá
Fecha De Estreno: 10 de septiembre 2021
Plataforma: Apple TV+