Perdida

Perdida
Lo lees en 10 minutos

Ficha

Título original
Comentarios del guión
basado en su novela
Sitio web
Distribuidora

Tardes De Cine: Hilando fino.
A mí me crio John Wayne y John Ford.
No me malentiendan. La parte doméstica la hicieron quienes me dieron los apellidos, pero la parte cinematográfica la hizo esa gente. Anthony Mann y James Stewart con sus disparos imposibles y sus diálogos contundentes con Monument Valley de fondo. Películas simples a primera vista, pero con una carga de subtextos que terminarían por convertirse en la base del lenguaje cinematográfico.

By @_Filmico

No fue hasta después que vine a saber de otras cosas que definieron a mi generación. Robotech, He-Man y un montón de otras animaciones no hicieron en mí la mella que en mis coetáneos. El Western ya me había introducido a un Cine que muchos podrán hastiarse de criticar, pero ni por asomo dejarán de ver: Hollywood.

Ese Hollywood que no parió el cine, pero lo acogió en su tierna infancia, lo vio salir en su adolescente rebeldía a pasearse por Movimientos Europeos (Neorealismo, Nouvelle Vague, Expresionismo) y vio como algunos en tierras lejanas, aportaron a una juventud que se convirtió en una madurez superada solo en la popularidad, pero no en la profundidad de su lenguaje.

Hollywood se ha sostenido, a veces adoptando y a veces copiando a aquellos que lo pueden hacer mejor, mientras Hitchcock y Lean eran seducidos por los Grandes Estudios y titanes como Kurosawa eran viviseccionados con remakes que poco o nada tenían que ver con elegancia original.

Pero como en todo, los ciclos se acaban, se reinventan y nuevas generaciones fueron marcándose al pasar las décadas. Una de ellas, probablemente la primera cinéfila norteamericana, crio a los autores de un cine que hoy trascendió a sus maestros, así vemos “The Godfather” de Coppola, el “Taxi Driver” de Scorsese (un férreo defensor de ese lenguaje clásico del cine) o al prolífico Spielberg, que nos entregó sus mejores y más influyentes films a fines de los 70 y principios de los 80. Por carriles distintos corrían genios, que siempre fueron parias, pero coexistían a demasiados niveles con los sistemas de producción masiva (Kubrick y Lynch, por citar un par).

Luego, en paralelo, vinieron dos generaciones: una criada al amparo del VideoClub, conocidas son las historia de gente como Tarantino y Rodríguez, que encontraron en ese acerbo, una auténtica escuela de cine, y como artesanos, se dedicaron a disfrazar el oficio de arte y entregar versiones bastante más 'cool' de un lenguaje que venía agotándose. La otra llegó de otro medio, y bajo otro alero: El 'VideoClip'. No son pocos los interesantes directores que han salido de este espacio televisivo/musical. Siendo, quizás los más destacados Spike Jonze, Michel Gondry y quien nos trae a este escrito:
David Fincher.

Aquel niño terrible que venía de dirigir videoclips durante la segunda parte de la década de los '80 y cuyo salto al cine tendría una respuesta solo apreciable con el tiempo: “Alien3”. Una película en la que Fincher se peleó de tal manera con toda la división de producción, que hasta el día de hoy, no aparece en ningún material adicional relacionado con ella. Sin embargo, hay algo en “Alien3” que nos daba pistas de lo que venía en su futuro como Cineasta. Para empezar este recorrido, advierto que esta es una de mis secuelas favoritas, creo que a diferencia de otras que pueden mejorar imitando a sus originales, tiene la gracia de ser un aporte y a la vez un alejamiento de sus predecesoras, mientras la primera es una película de suspenso y la segunda una de acción, lo que logra Fincher con esta tercera parte es hacer un drama con un particular y grandilocuente sentido de lo épico, y en donde el origen de la mezcla musical del director se ve exultado por el uso de una partitura repleta de bronces y oscuros recovecos por parte de Elliot Goldenthal.

Pero por encima de ello, con una marcada idea de construir un subtexto que traspase la primera revisión en la pantalla. Creo que una de las escenas que mejor resume ello, es la secuencia en que el Doctor se lleva en brazos a la Teniente Ripley, marcando su pequeñez en el horizonte y augurando el peso del sacrificio posterior. Ya se veía un atisbo de un lenguaje heredado no solo de la estética televisiva-musical, más allá de ello, Fincher se paraba como receptor de un legado del lenguaje cinematográfico más clásico, ese que se vale de una historia para contar otra, una debajo, embellecida con imágenes, a veces de alta factura estética, y otras de solo un ojo preciso para enmarcarlas.

Tal vez no fue tan evidente en su momento, de hecho con sus siguientes películas, quedó un poco sepultado bajo su herencia estética, “Se7en” y su perturbadora persecución de la psique del cazador primero y de forma crepuscular a su presa, que dejó más la marca por este último. La errática “The Game”, que a la vista de sus trabajos más aventajados, no parece ser más allá que un thriller puntual, y cuyo mayor pecado es que Sean Penn no se llevara, al menos, un ojo morado.

Y luego vendría “Fight Club”. La ultra revisable Fight Club. Sé que el enfoque estético de este film hace que uno quiera quedarse en su visual violenta y de un regreso brutal a los orígenes del director, pero Fight Club tiene el gran mérito que cuando se despoja de esos nada despreciables detalles, cuando se deja de tararear 'Where is My Mind' y de pensar en el Doppelganger vemos un discurso evidentemente anti-sistémico sí, pero particularmente anti-esteticista. Siempre me pregunté si al final eso fue un enfoque que ya podía delinearse en el libro, o fue derechamente el último acercamiento de Fincher a ello. No necesariamente como símbolo de madurez o rebeldía contra el medio que lo vio nacer, sino más bien como la inquietud de profundizar más en su propio lenguaje, estética y enfoque.

Panic Room” luego nos mostraría un pulso de narrador que ya venía gestándose, pero que no logran descollar más allá de un puñado de notables interpretaciones sobre distintas fallas sicológicas (tal vez un ensayo de otras por venir), que manifiesta al darle a cada uno de ellos un marco preciso de acción: El Violento psicópata, el peor y oculto, la Paranoica, el escudado en las circunstancias. Algo hay en Panic Room que no termina por seducir completamente, pero no deja de fascinar el uso de las nuevas tecnologías de su época en función de producir una propia narrativa.

Y luego cinco años de silencio cinematográfico para alcanzar, lo que a mi gusto, es su película más fascinante. “Zodiac” es al género de thrillers sobre psicópatas lo que “JFK” de Oliver Stone es al Cine de Conspiraciones. O, si me permiten el escape del medio, lo que el 'From Hell' de Alan Moore y Eddie Campbell al comic. Un ensayo más que una simple película de investigación. En Zodiac Fincher fuerza los límites de la mañida revisión del asesino serial, para, como en “Se7en” poner el foco sobre los obsesos que los persiguen. Solo que esta vez no pierde el duelo ante el deseo de mostrarlos en ningún momento, incluso cuando en más de una ocasión lo hace o cuando va variando el peso entre los cazadores protagonistas. De hecho, no pierde el hilo narrativo de lo único que importa en este film: La investigación obsesiva de aquellos que, simplemente, no pueden hacer otra cosa, aun cuando el lugar al que vayan a parar, les pueda suponer el mayor de los peligros. Comparte con “JFK” esa secuencia en que el terror más puro alcanza la investigación (en los baños del Aeropuerto en JFK y en el subterráneo con los carretes en Zodiac). Rescata sin deificarlo a ese personaje cuya existencia está supeditada a su peligrosa curiosidad y a su incapacidad de vivir en la ignorancia. No hay indemne cazador en “Zodiac”. No hay final ni trágico ni feliz, solo por agotamiento y convencimiento.

Zodiac comienza a ser el primer síntoma de una extraña relación de Fincher con su audiencia más masiva. Una que quedaría en claro con su siguiente y muy producida “The Curious Case of Benjamin Button”. Sumamente valorada en su estreno y posteriores exhibiciones, Button pronto empezó a ser dejada prácticamente fuera del canon de sus seguidores. Puede que tenga que ver con que es la más 'hollywoodense' de sus creaciones, porque gozó de la aprobación de 'La Academia' o simplemente porque no está a la altura del resto de su material. Pero el hecho es que 'Button', a pesar de ciertos notorios traspiés: una introducción muy larga, un protagonista definitivamente poco inspirado, una serie de finales falsos o una extensión poco digerible, no es ni por asomo una mala película y mantiene una narración y un lenguaje embellecidos tanto por Alexandre Desplat en la música, como por un descollante (y siempre presente) Claudio Miranda por fin a cargo de la fotografía.

Vuelve a pasar este mismo fenómeno de "aplaudida hoy, reticencia mañana" con la que tal vez, marca ya un claro encuentro con el lenguaje, narrativa y estética propias: “Social Network”. Las colaboraciones con Trent Reznor y (el siempre olvidado) Atticus Ross en la Música, Jeff Cronenweth en la fotografía y Kirk Baxter en la edición establece el inicio de un círculo cerrado que suele relacionarse con la marca registrada de casi todo Director. Y aunque el retrato de Mark Zuckenberg pueda tener sus puntos bajos, como casi todo film, hay un momento en que uno simplemente no puede ignorar la precisión en la narrativa, una que construye crescendos a la vista y otros ocultos. Una que retrata con tal rigurosidad a sus personajes, que uno poco puede llegar a empatizar con ellos. De nuevo Fincher vuelve a recoger la tecnología para ponerla bajo su propia narrativa, algo que también está por añadirse a su sello de agua.

Nada puedo decir de “The Girl with the Dragon Tattoo”, porque lo fresco que he mantenido la sobrecarga del Nordic Noir me ha impedido darle una oportunidad, así que de una vez por todas, saltémonos a lo que en algún punto, debiéramos comentar:
“Gone Girl”
“Perdida” es muchas cosas, pero por sobre todo, dos:
Primero, un retrato particularmente cruel de una Sociedad Enferma.
Y segundo, una película de David Fincher.

Esto último es, por lejos, lo que más me ha gustado de esta película. No hay duda alguna que estamos viendo, en todo momento, un film de David Fincher. Lo que más me recordó a esa narrativa añeja y vilipendiada de la cual Fincher se ha graduado de heredero. Esos ensayos de construcción pictórica que anotaba en “Alien3” y el uso de los elementos técnicos en función de la historia. El retrato descarnado de la psicopatía y su convivencia social, ensayada en “Se7en” y perfeccionada en “Zodiac”, pero por sobre todo, su funcionalidad y la retorcida atención que esta genera (Social Network). La música (extraordinaria, por cierto) como un trasfondo potente, pero mesurado. La fotografía para enmarcarlo. La edición precisa para marcar cada golpe de efecto que contiene la historia, con el pulso implacable de un Director en su mejor momento narrativo.

Pero volvamos a lo primero. Al cómo Fincher logra transmitir con admirable medida de todos sus elementos esta historia:
No hay santos ni buenos en “Perdida”. Quizás ya no los hay. No al menos en la sociedad que nos entrega Gillian Flynn, a cargo no solo de la polémica novela original, si no de la contundente adaptación cinematográfica. Sin embargo, tampoco se transforma en un clásico thriller de "¿Quién lo hizo?", sino más bien en un potente drama en que nadie queda indemne ni indiferente. Hay una particular visión de la relación de pareja, sí, quizás una de las más perturbadoras aperturas que nos ha regalado Fincher, sin otra pretensión más que empatizar con un personaje cuya mediocridad, éxito y fallas no lo hacen para nada difícil. Pero también hay una visión de cómo funcionamos a nivel social frente a este tipo de hechos. Una alegoría constante sobre los secretos que vivimos en comunidad, que trasciende clases y edades. Sin destripar nada, que ya mucho se ha dicho y escrito sobre ello, para mí quien mejor resume todo eso es Emily Ratajkowski, un personaje accesorio, pero que manifiesta el peso de una representación en sociedad, muy distinta de aquella privada.

Cada personaje en esta película es un enfoque de nuestras reacciones frente al psicópata, desde la ignorancia consciente e inconsciente, hasta ese cosquilleo desconfiado, magistralmente expresado por Kim Dickens (la notable Joannie Stubbs de Deadwood) en su rol de detective. O la admiración, que provee un Tyler Perry quién, como prácticamente todos en esta película aportan sin excederse ni quedarse.

Quizás el único en deuda acá es Neil Patrick Harris, quien tal vez ya agotó sus tics y a ese mismo personaje en 9 años haciendo de Barney Stinson.

Pero toda película de tan alto nivel siempre tiene un pilar en el apartado interpretativo, y en este caso esa es Rosamund Pike. De nuevo, sin incurrir en adelantar nada a aquellos que aún no la ven, lo de la británica es talento puro, dosificado para servir a la misma turbiedad de la historia, pero que hay momentos en que son simplemente perturbadores. No olviden el tic del pelo, o la naturalidad para enfrentar momentos que quien mejor resume es el mismo Ben Affleck en su calidad de espectador estupefacto y partícipe reticente.

Fincher logra que la historia no sea una crítica ni velada ni evidente a los circos mediáticos, que han superado en superficialidad a los realitys. Ni solo una historia sobre psicópatas, si es que se puede encasillar una historia de ese tipo. “Perdida” es una historia vieja (quizás el referente obligado sea 'Double Indemnity' de Billy Wilder) pero también es una que se ha podrido con el "progreso" de nuestra sociedad.

Y quizás es esa fusión de legados narrativos y nuevos espacios para aportar al lenguaje que equilibra Fincher en sus cotas más altas. A mi westerniano gusto, estamos ante el mejor David Fincher. Probablemente a los seguidores más cercanos a MTV no se los parezca. Temo por ello, de hecho, que ese fenómeno de inmediatismo de la web, alcance también a “Perdida”, pero es mejor tener esperanzas que eso no suceda.

Sé que he hilado muy fino en muchas partes, lo dije al principio. Pero mi sugerencia es que dejen esa revisión para una segunda mirada. Vean “Perdida” como lo hace Ben Affleck. Intrigado primero, asustado después, torpe, furioso, estupefacto, reticente. Hace mucho que un personaje no lograba captar y guiar tan bien a los espectadores por el trasfondo de su propia historia.

Ni les digo como agradezco que David Fincher haya recogido el testigo. Es Hollywood quien más debería agradecérselo (y probablemente lo hará), es un legado que merecía talento como el suyo.

Contenido relacionado

Noticias

Ben AffleckBen Affleck dispuesto a participar en reboot de Jay Y Silent Bob

El actor/director ganador de dos premios de la academia ha participado en seis películas de Kevin Smith a lo largo de su carrera. Aunque muchos quizás no se acuerdan, en el amanecer de la carrera de Affleck, previo al papel en “Good Will Hunting” (1997) que lo lanzó a la fama, sus papeles más...
Trailers

TFNuevo trailer de Triple Frontera

Un grupo de ex agentes de las Fuerzas Especiales (Ben Affleck, Oscar Isaac, Charlie Hunnam, Garrett Hedlund y Pedro Pascal) se reúnen para planear un atraco en una zona multi-fronteriza escasamente poblada de América del Sur. Por primera vez en sus prestigiosas carreras, estos héroes olvidados...

Copyright © 2005-2020. All rights reserved