Cada cierto tiempo aparece una película que no parece “hecha”, sino una obra con personalidad arrolladora, ritmo propio y una lógica interna que no se acomoda al espectador: exige que el espectador se acomode a ella. El Agente Secreto es exactamente eso. No entrega sus significados en bandeja; obliga a leer subtexto, a aceptar silencios, a convivir con la ambigüedad.
Ambientada en 1977, en pleno corazón de la dictadura militar brasileña, la historia sigue a Marcelo —o al menos ese es el nombre que usa—, un científico viudo que regresa a Recife en un llamativo Volkswagen escarabajo amarillo. No sabemos por qué vuelve. No sabemos de qué huye. Y durante un buen tramo, tampoco sabemos quién es realmente. En un estado autoritario, el lenguaje se convierte en un campo minado: nadie dice exactamente lo que piensa, porque siempre puede haber alguien escuchando.
La secuencia inicial es magistral. Marcelo se detiene en una estación de servicio en las afueras de la ciudad durante el carnaval. Cerca, un cadáver cubierto apenas por un cartón se descompone bajo el sol, rodeado de moscas y perros salvajes. Dos policías llegan, pero no muestran interés por el cuerpo; prefieren inspeccionar el auto de Marcelo en busca de cualquier excusa para extorsionarlo con una “donación” al fondo policial del carnaval. Desde ese momento queda claro: la corrupción no es una anomalía, es el sistema.
Un país donde la violencia es paisaje
La película retrata un mundo donde el asesinato es casi rutina. Algunas muertes son castigos políticos. Otras, simples efectos colaterales del crimen callejero. Los sicarios trabajan por encargo sin importar si el cliente es el Estado, una empresa o un particular con rencor. Matan, cenan y duermen. Y al día siguiente, repiten.
El director Kleber Mendonça Filho construye así una radiografía social que recuerda al thriller político estadounidense de los años 70, pero filtrado por una sensibilidad latinoamericana. Hay una subtrama aparentemente absurda del hombre cuya pierna cercenada aparece en el estómago de un tiburón y luego “cobra vida” en una secuencia en stop-motion. No debe tomarse literalmente, sino simbólicamente: ese depredador invisible que emerge desde las profundidades para devorar a cualquiera.
Mientras tanto, el pequeño Fernando —hijo de Marcelo— está obsesionado con Tiburón (Jaws), que aún se exhibe en los cines brasileños de 1977. El paralelismo es evidente: aquí también hay un monstruo que acecha, solo que no tiene aleta dorsal, sino poder institucional.
Recife no es solo escenario: desde sus callejones húmedos hasta sus cines palacio y zonas de cruising nocturno, la ciudad vibra con una mezcla de carnaval, paranoia y calidez humana. Mendonça Filho filma su tierra con amor. El detalle de época es asombroso, pero nunca decorativo: cada espacio revela una capa social distinta.
En medio de ese paisaje, Marcelo se refugia en el departamento de Dona Sebastiana (Tânia Maria), una mujer de 77 años que funciona como santa patrona de los perseguidos. A su alrededor orbitan personajes memorables: dos sicarios con dinámica casi paternal, un jefe policial grotescamente carismático, una madre soltera que se siente atraída por Marcelo, un sastre judío marcado por cicatrices de guerra. Cada uno podría protagonizar su propia película.
Wagner Moura nunca decepciona
Y en el centro de todo está Wagner Moura. Hay actores que cargan una película. Moura la habita. Conocido internacionalmente por Narcos, donde interpretó a Pablo Escobar, aquí ofrece un trabajo radicalmente distinto: contenido, melancólico, atento. Su Marcelo es un hombre que observa más de lo que habla. En una escena temprana, cuando conoce a los residentes del edificio de Sebastiana, su mirada —curiosa, triste, generosa— dice más que cualquier monólogo.
Me gustó mucho verlo en este registro. Moura nunca decepciona. La forma en que modula el miedo sin exagerarlo, cómo transmite amor paternal en escenas mínimas con su hijo, cómo deja entrever un pasado doloroso sin verbalizarlo… es actuación de alto nivel.
La película ya venía respaldada por nominaciones y premios importantes. Y esta vez, es un gusto comprobar que esos reconocimientos le hacen justicia. Porque todos hemos visto películas que arrasan en temporada de premios y no superan la prueba del tiempo (no las nombraremos por respeto). El Agente Secreto no pertenece a ese grupo. Aquí el prestigio está sustentado por riesgo, visión y una interpretación central verdaderamente memorable.
La estructura no es lineal
Mendonça salta en el tiempo, se permite digresiones y subtramas que podrían parecer caprichosas. Algunos espectadores podrían encontrarla dispersa o indulgente. Yo la sentí coherente con su propuesta: el caos formal refleja el caos moral de la época.
El suspenso no se construye con persecuciones frenéticas, sino con espera. Sabemos que sicarios lo buscan. Sabemos que cualquiera puede delatarlo. La pregunta no es si lo atraparán, sino cuándo.
El clímax no busca explosión sino resonancia emocional. Y el epílogo, situado en el presente, eleva la historia a otro plano: el de la memoria, el cine como archivo y refugio, la posibilidad de reconstruir identidad a través de imágenes.
El Agente Secreto es una de las mejores películas del año que pasó. Exigente, inquietante, a ratos absurda, profundamente humana. No se parece a nada más en cartelera. No es un thriller convencional. Es una exploración de cómo la gente común aprende a moverse en un sistema corrupto, cómo normaliza lo intolerable, cómo protege lo poco que ama.
Antes de que llegue a MUBI, verla en el cine en Chile es casi una obligación para quienes aman el cine que desafía y deja huella. Si están dispuestos a doblarse con su ritmo y aceptar su lógica de sueño, El Agente Secreto los llevará a lugares que el cine rara vez se atreve a visitar.
- Título Original: O Agente Secreto
- Director: Kleber Mendonça Filho
- País: Brasil, Francia, Países Bajos, Alemania
- Año: 2025
- Género: Suspenso, Crimen, Drama, Misterio
- Duración: 2 horas 41 minutos
- Con: Wagner Moura, Tânia Maria, Alice Carvalho, Maria Fernanda Cândido, Luciano Chirolli, Gabriel Leone, Carlos Francisco
- Guión: Kleber Mendonça Filho
- Música: Mateus Alves, Tomaz Alves Souza
- Producción: Emilie Lesclaux, Kleber Mendonça Filho
- Fecha de estreno: 26 de febrero, 2026
- Distribuidora: MUBI









