Tengo que reconocer algo: no estaba completamente segura de que Digger me hubiese gustado hasta que terminó. Y eso no me pasa demasiado. La nueva película de Alejandro G. Iñárritu comienza con fuerza. Tom Cruise interpreta a Digger Rockwell, un multimillonario magnate petrolero cuya empresa provoca un desastre de proporciones potencialmente apocalípticas. Un enorme bloque de hielo amenaza Europa, el Presidente de Estados Unidos interviene y, mientras el planeta parece acercarse al desastre, todos intentan encontrar soluciones, responsables y, por supuesto, una manera de salvarse políticamente.
Hasta ahí, compré completamente la propuesta. Pero entonces Iñárritu mueve el tablero. Hay un giro argumental —que prefiero no revelar porque forma parte importante de la experiencia— que cambia nuestra manera de interpretar lo que estamos viendo. Y mi reacción inmediata fue preguntarme: ¿qué me quiere decir el director con todo esto? Esa pregunta me acompañó durante buena parte de la película.
El problema, al menos para mí, es que Digger pasa del sarcasmo a una comedia mucho más evidente. Y ahí me perdió por momentos. Entiendo perfectamente lo que intenta hacer Iñárritu: exagerar personajes, discursos y situaciones para exponer lo absurdo de nuestra manera de enfrentar problemas gigantescos. Pero cuando la sátira comienza a subrayarse demasiado, sentí que la película confiaba menos en que yo entendiera el chiste. Y no necesitaba que me lo explicaran. Porque detrás de todo ese ruido hay una idea bastante interesante: nos encanta encontrar un villano porque resulta mucho más cómodo que aceptar nuestra propia responsabilidad.
Tom cruise quiere ese oscar
Ahora hablemos de Tom Cruise. Porque si Leonardo DiCaprio hizo The Revenant y finalmente consiguió ese Oscar que parecía perseguirlo desde hacía años, viendo Digger resulta difícil no pensar: Tom, entendimos el mensaje. Quieres tu Oscar. Y francamente, ya se lo merece.
Cruise lleva décadas siendo una de las grandes estrellas del cine, pero su obsesión por hacer películas gigantescas, pilotear aviones, lanzarse desde montañas y arriesgar la integridad de varias partes de su anatomía ha terminado eclipsando algo que nunca deberíamos olvidar: es un excelente actor. Aquí vuelve a recordarlo.
Transformado físicamente mediante prótesis, exagerado, desagradable, arrogante y muchas veces ridículo, Cruise se entrega completamente a Digger. Hay algo de su personaje de Magnolia y también de aquel inolvidable ejecutivo de Tropic Thunder, pero bajo toda esa caricatura aparecen pequeños momentos donde vuelve el actor dramático que quizás Hollywood debería aprovechar con mayor frecuencia.
Si esta película no estaba pensada también como vehículo para llevarlo nuevamente a la conversación del Oscar, entonces qué extraordinaria coincidencia (sarcasmo, ven yo también puedo explicar los chistes).

Todos queremos salvar el planeta… mientras nos convenga
La película habla del cambio climático, pero también de hipocresía. Gobiernos, multimillonarios, artistas, espectadores: todos tenemos discursos maravillosos hasta que solucionar el problema significa renunciar a algo. Y aquí inevitablemente recordé una frase de Lestat en Entrevista con el Vampiro: “Oh, Louis, Louis”, cansado de escucharlo lamentarse eternamente. Algo parecido me ocurre cuando el discurso contra Estados Unidos se convierte en una explicación demasiado sencilla para problemas mucho más complejos. Especialmente cuando proviene de quienes cuestionan constantemente al país mientras continúan aprovechando su industria, sus plataformas, su mercado y las oportunidades que ofrece. Es difícil condenar permanentemente a la vaca mientras seguimos bebiendo de su leche.
Y ahí creo que Digger resulta más interesante de lo que parece inicialmente, porque la contradicción no pertenece exclusivamente a un país, una industria o un multimillonario petrolero. Nos pertenece a todos.
Podemos indignarnos con Digger mientras utilizamos combustibles fósiles, consumimos sin medida y esperamos que alguien más resuelva el problema. El espejo no siempre es agradable.
Visualmente, además, estamos frente a Iñárritu jugando en grande. Emmanuel Lubezki entrega imágenes imponentes y el diseño de producción construye espacios deliberadamente monumentales y artificiales. Sandra Hüller, John Goodman, Jesse Plemons y especialmente Riz Ahmed completan un reparto impresionante, aunque Cruise es quien termina absorbiendo nuestra atención.

¿Me funcionó todo?
No. El paso del sarcasmo a la comedia me molestó y hubo momentos en que sentí que Iñárritu estaba tan interesado en demostrar lo inteligente que era su construcción que se olvidaba un poco de quien estaba sentado frente a la pantalla.
Pero curiosamente, cuando terminó, me gustó. Porque seguí pensando en ella. Digger es excesiva, provocadora, pretenciosa por momentos y probablemente dividirá muchísimo al público. Pero no es una mala película. Todo lo contrario: detrás de sus excesos existe una propuesta cinematográfica ambiciosa que se atreve a incomodar y que no entrega respuestas particularmente cómodas.
Y después está Tom Cruise. Sin avión. Sin motocicleta. Sin colgarse de ningún precipicio. Solamente actuando. Academia, creo que Tom quiere conversar con ustedes.
- Título Original: Digger
- Director: Alejandro G. Iñárritu
- País: Reino Unido, México, Estados Unidos
- Año: 2026
- Género: Comedia, Drama
- Duración: 2 horas 9 minutos
- Con: Tom Cruise, Riz Ahmed, John Goodman, Sandra Hüller, Michael Stuhlbarg, Jesse Plemons, Emma D’Arcy
- Guión: Sabina Berman, Jez Butterworth, Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone, Alejandro G. Iñarritu
- Música: Cosmo Sheldrake
- Producción: Tom Cruise, Alejandro G. Iñarritu, Mary Parent, Michael Sharp
- Fecha de estreno: 1 de octubre, 2026
- Distribuidora: Warner Bros – Santa Bárbara Films







