Trabajando en revistas uno aprende a escuchar y leer con atención. Tuvimos acceso a entrevistas con Damian Hardung y con el director Martin Schreier. Lo que más me llamó la atención no fueron las anécdotas de rodaje —aunque hubo varias—, sino la manera en que ambos hablaron de la fragilidad humana que atraviesa esta segunda temporada de Maxton Hall, disponible en Prime Video. Aquí les cuento lo que contaron, con la cercanía que merece un drama que habla de pérdidas, heridas y la posibilidad de reconstruirse.
Damian Hardung, que da vida a James Beaufort, llega a esta temporada con un desafío emocional evidente: tras el golpe central que cierra la primera temporada, James debe enfrentarse a un vacío enorme. Damian lo describió sin adornos: interpretar el duelo fue exigente, pero también una oportunidad para crecer como actor. «Cuanto más salgo de mi zona de confort, mayor es la posibilidad de descubrirme a mí mismo«, dijo, y se nota que esa frase no es un lugar común para él. Hay un orgullo palpable por lo que el equipo consiguió en este nuevo ciclo.
Encontrar de nuevo un rumbo
James, explica Damian, está luchando por la estabilidad; necesita puntos de referencia que funcionen como anclas. Cuando esas anclas —la madre, el amor, incluso la figura paterna— se quiebran, surge una amenaza real: el vacío interior. La gran tarea del personaje en esta temporada es justamente esa: encontrar de nuevo un rumbo, reconstruir una identidad que hasta ahora había sido sostenida por elementos externos. Damian reconoce que no siempre se puede apagar el sentimiento una vez que lo invocas para una escena. Su estrategia es aceptar las emociones y luego ofrecer al cuerpo «contra-impulsos» para salir de ellas. Esa honestidad sobre el trabajo actoral revela, sin pretensiones, el compromiso con el personaje.
Hablando del set, tanto Damian como el director coincidieron en un punto clave: la atmósfera familiar. Martin Schreier, que asume la dirección de esta segunda entrega, dijo que una de las grandes ventajas de volver a filmar con el mismo grupo fue precisamente la confianza ya consolidada entre los integrantes del elenco. Esa cercanía ayudó a que las escenas íntimas alcanzaran una verdad difícil de fabricar. «No empezamos desde cero; ya nos conocemos y eso crea un lazo muy fuerte«, comentó Martin, y confiesa que eso le permitió enfocarse más en los matices creativos.
Martin, además, abordó el reto de hacer que la serie avanzara hacia una madurez narrativa sin perder el pulso ágil y moderno que tanto gustó en la primera temporada. Su intención fue clara: contar la historia con más poeticidad en algunos pasajes. Pero también dejar que ciertos momentos respiren por sí solos. Sin «exclamaciones» visuales o musicales, para que el espectador pueda quedarse con la actuación, el silencio y la emoción desnuda. Contó que hay una escena del primer episodio de la que está especialmente orgulloso porque, dice, salió exactamente como la imaginó: sencilla, potente y reveladora.

El director también habló de la adaptación
Esa tensión constante entre ser fiel al material original y tener la libertad creativa necesaria para hacer que la historia funcione en la pantalla. Martin reconoció el valor del libro de Mona Kasten como base emocional, pero subrayó que cine y literatura operan con reglas distintas. En una serie hay que pensar ritmo, tensión y progresión de escenas. Por ello, algunas desviaciones son inevitables, siempre buscando preservar el corazón de la historia. En su enfoque quedó claro el respeto por los fans de la novela, pero también la ambición de abrir la serie a una audiencia global que quizá no conoce el libro.
En cuanto al aspecto visual, Martin explicó que la continuidad con la primera temporada era importante. Pero que también era necesario marcar una evolución: imágenes más maduras, una paleta que insinuara la transformación de los personajes. Y ese balance entre continuidad y cambio fue, según él, uno de los ejercicios más estimulantes: conservar la atmósfera de cuento moderno y, al mismo tiempo, dejar que la cámara sea más contemplativa cuando la historia lo pide.
Volviendo a Damian, se le preguntó cómo maneja la línea entre su vida y James. Su respuesta fue franca: cuanto más auténtico es el trabajo, más el cuerpo «recuerda» las emociones. No busca desconectarlas por completo; más bien acepta su presencia y trabaja con ellas. Eso también habla de la intensidad de esta temporada: no hay respuestas fáciles ni atajos emocionales. Los personajes están forzados a convivir con sus heridas y, en el proceso, aprenden que la familia puede ser también la que uno elige.

Sello juvenil y cinematográfico
La segunda temporada de Maxton Hall no es solo una continuación; es una profundización. Mantiene ese sello juvenil y cinematográfico que atrajo a la audiencia, pero apuesta por silencios más largos, por escenas sin artificios y por una mirada que privilegia la verdad emocional por sobre el efecto inmediato. Entre las palabras de Damian y Martin quedó claro que el equipo buscó generar un espacio seguro en el set para poder contar esas historias complejas: eso se traduce en actuaciones que se sienten vivas y en una narrativa que, sin perder su atractivo, se atreve a ser más sobria y adulta.
Una entrevista con una sensación de esperanza: que en el corazón del drama —esa mezcla de glamour, conflicto y vulnerabilidad— late la voluntad de contar algo humano. Para quienes esperan un romance de alta intensidad, hay materiales; para quienes buscan una historia sobre cómo recomponerse después de la pérdida, también. Y para los fans del mundo visualmente ambicioso de la serie, encontrarán imágenes que han crecido junto a sus personajes.
Si te interesa el viaje emocional tanto como a mí, esta temporada promete ser un paseo exigente y reconfortante: un recordatorio de que amar también implica aprender a sostenerse cuando todo se viene abajo. Ya disponible en Prime Video.













