Abr 30, 2026

Review de El Diablo Viste a la Moda 2

La esperada secuela trae de vuelta a sus icónicos personajes con una dosis generosa de fan service, humor y alta costura, mientras intenta dialogar con una industria —y una audiencia— que ha cambiado radicalmente en 20 años.

Volver al universo de El Diablo Viste a la Moda 2 es, ante todo, un ejercicio de nostalgia. Y funciona. La película dirigida nuevamente por David Frankel entiende perfectamente que gran parte de su valor está en reconectar con ese imaginario que convirtió a la original en un clásico moderno: el vértigo del mundo editorial, los outfits imposibles y, por supuesto, la presencia magnética de Meryl Streep como Miranda Priestly.

Pero esta secuela no se limita a replicar la fórmula. La gracia —y uno de sus principales aciertos— está en cómo tensiona ese pasado idealizado con un presente mucho más incierto. El glamour sigue ahí, sí, pero ahora convive con una industria en crisis, donde las revistas luchan por sobrevivir y el periodismo parece desdibujarse entre métricas, algoritmos y decisiones corporativas. (ni me lo digan a mi)

En ese contexto, el regreso de Andy Sachs, interpretada nuevamente por Anne Hathaway, es clave. Ya no es la asistente ingenua que conocimos en 2006, sino una periodista consolidada que, incluso así, no logra escapar del caos del mundo laboral contemporáneo. Su reencuentro con Runway no solo es narrativamente funcional, sino también simbólico: es el choque entre dos épocas, dos formas de entender el trabajo y, sobre todo, dos generaciones.

Enfoque generacional

Uno de los grandes méritos de la película es justamente ese enfoque generacional. Mientras quienes crecieron con la primera entrega encontrarán múltiples guiños —desde dinámicas laborales hasta pequeños detalles visuales—, las nuevas audiencias pueden enganchar desde otro lugar. Para quienes no vivieron el auge de las revistas impresas ni el impacto cultural de Miranda Priestly en su momento, esta secuela funciona como una puerta de entrada a ese universo, pero con códigos más cercanos a su realidad.

En ese sentido, el film logra algo complejo: dialogar con públicos distintos sin alienar a ninguno. La nostalgia no se siente forzada, sino integrada de forma orgánica a una historia que, aunque familiar, intenta decir algo nuevo. Y eso se agradece.

Ahora bien, no todo es impecable. Hay momentos en que la película parece demasiado cómoda replicando estructuras conocidas, apoyándose en situaciones que, si bien funcionan, también refuerzan la sensación de déjà vu. Es una secuela que juega a lo seguro, lo que puede restarle impacto emocional en comparación con la original.

Aun así, el carisma del elenco sostiene gran parte de la experiencia. Meryl Streep sigue siendo el eje absoluto: cada gesto, cada pausa, cada línea de diálogo tiene un peso específico que eleva cualquier escena. Su Miranda puede estar algo más contenida —los tiempos han cambiado, incluso para ella—, pero sigue siendo fascinante de observar. Por su parte, Anne Hathaway muestra a un personaje más seguro, quizás menos vulnerable que antes, pero que no ha evolucionado mucho cometiendo errores parecidos.

También hay que destacar el regreso de personajes secundarios que aportan dinamismo y humor, reforzando esa sensación de “reunión” que tanto busca la película. Es evidente que hay cariño detrás del proyecto, y eso se transmite.

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Lujo y la estética cuidada

Visualmente, el film mantiene su apuesta por el lujo y la estética cuidada, aunque sin el impacto innovador de la primera entrega. La moda sigue siendo protagonista, pero ya no sorprende de la misma manera. Es más bien un lenguaje conocido, una extensión natural de lo que ya vimos.

Ahora, hay un detalle —mínimo, pero persistente— que puede romper la inmersión para algunos espectadores más atentos: la forma en que la protagonista se mueve por Nueva York. Puede sonar anecdótico, pero ver a Andy cruzar calles sin respetar semáforos en una ciudad donde eso es casi un código cultural resulta, al menos, desconcertante. No afecta la trama, pero a mí me generó pequeñas fricciones que me sacaron momentáneamente de la historia.

Más allá de eso, El Diablo Viste a la Moda 2 es, en esencia, un producto bien calibrado. No busca reinventar el cine ni redefinir el género, pero sí entregar una experiencia entretenida, elegante y con cierta conciencia del mundo actual. Y lo logra.

Quizás no alcance el estatus de “película reconfortante” que tiene su predecesora, pero tampoco lo necesita. Esta secuela entiende su lugar: es un reencuentro, una actualización y, en cierto modo, una reflexión sobre el paso del tiempo —en la industria, en los personajes y también en el público.

En un panorama donde muchas secuelas llegan tarde o sin propósito claro, esta al menos tiene algo que decir. Y lo dice con estilo.

  • Título Original: The Devil Wears Prada 2
  • Director: David Frankel
  • País: Estados Unidos,
  • Año: 2026
  • Género: Comedia, Drama
  • Duración: 1 hora 59 minutos
  • Con: Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt, Stanley Tucci, Justin Theroux, Lucy Liu, Kenneth Branagh, Patrick Brammall
  • Guión: Aline Brosh McKenna, basada en la novela de Lauren Weisberger
  • Música: Theodore Shapiro y Lady Gaga
  • Producción: Wendy Finerman
  • Fecha de estreno: 30 de abril, 2026
  • Distribuidora: Cinecolor Films Chile

Samantha Sparrow

Amo el cine y las series. Soy la fundadora de un medio de comunicación para poder dedicarme a mi pasión sin que nadie me diga qué puedo o no escribir. Y finalmente conseguir mi objetivo entrevistar a Peter Jackson y James Cameron.

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