Mar 30, 2026

Review de God of War: Sons of Sparta

Una mirada distinta (y más pequeña) al origen de Kratos.

Hay algo curioso cuando uno entra a God of War: Sons of Sparta. No es esa sensación de estar frente a una gran superproducción llena de épica y destrucción, sino algo más contenido, más cercano. Casi como si el juego, desde el inicio, te dijera que esta vez la historia va por otro lado.

Y así es.

Aquí no estamos ante el Kratos que arrasa con dioses, sino frente a uno mucho más joven. Un espartano en formación, todavía moldeado por su entorno, entrenando junto a su hermano Deimos y cargando con expectativas más que con culpa. Todo se presenta como un relato contado por el propio Kratos, mirando hacia atrás, lo que le da un tono más reflexivo, incluso melancólico en ciertos momentos.

Se siente distinto. Y se agradece. Incluso tiene un dejo de nostalgia por algunas infancias gamers.

Pero donde el cambio se hace realmente evidente es en cómo se juega. Sons of Sparta deja de lado la clásica cámara en tercera persona y se transforma en un metroidvania en 2D. De esos donde avanzas, desbloqueas habilidades y vuelves sobre tus pasos para descubrir nuevos caminos.

Al principio puede chocar, sobre todo si vienes esperando algo más cercano a las entregas principales, pero con el tiempo encuentra su ritmo. Te acostumbras a recorrer mapas interconectados, a medir bien los saltos, a aprovechar cada habilidad nueva que se suma al arsenal.

El combate también aporta lo suyo. Kratos acá pelea con lanza y escudo, y aunque el sistema es más simple que en otros títulos de la saga, igual logra transmitir esa sensación de impacto que uno espera. Cada golpe se siente, cada bloqueo importa. No es revolucionario, pero funciona.

A medida que avanzas, vas mejorando habilidades, ajustando tu estilo y enfrentando desafíos que, sin ser particularmente complejos, mantienen el interés. El problema es que rara vez te sorprenden. Todo está bien hecho, pero pocas veces da ese salto que lo haga destacar de verdad dentro del género.

Visualmente, eso sí, el juego tiene personalidad. El estilo en pixel art está bien trabajado y logra capturar la esencia de la Grecia antigua con bastante carácter. No busca competir con el realismo de otras entregas, sino reinterpretar ese mundo desde algo más retro, y en ese sentido cumple.

Donde el juego genera más sensaciones encontradas es en su diseño. Hay momentos en que la exploración fluye bien, pero también otros donde el backtracking se siente más como una obligación que como una recompensa. Y considerando lo competitivo que es el género hoy, eso pesa.

A eso se le suman algunos detalles técnicos —caídas de rendimiento o pequeños bugs— que no rompen la experiencia, pero sí te sacan un poco de la inmersión en momentos donde todo debería sentirse más pulido.

Al final, God of War: Sons of Sparta se siente como lo que es: un experimento dentro de la saga. Uno interesante, con buenas ideas y una base sólida, pero que se queda un poco corto al momento de arriesgar o dejar huella.

No es el God of War que va a redefinir la franquicia, pero sí uno que aporta otra mirada. Más pequeña, más humana, más enfocada en el origen que en la leyenda.

Y dependiendo de lo que busques, eso puede ser justamente lo que lo hace valer la pena.

God of War: Sons of Sparta disponible en Playstation.

Carolina Sepúlveda

Amante del cine, libros, animé y música, por eso soy periodista. Fan de los videojuegos pero sobre todo de Kristen Stewart.

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