Mank

Un nuevo acierto de un Fincher que quizás parezca diferente a lo habitual en más de un aspecto.

En una curiosa coincidencia que podría permitir interesantes paralelos y comparaciones, esta película se puede ver en estos días en la misma plataforma donde desde mayo pasado está disponible la miniserie “Hollywood”, una producción vistosa, ligera y entretenida, pero a la vez discutible e incluso irritante en su mirada, que imagina en una particular ucronía cómo habrían sido las cosas en la posguerra estadounidense si la industria del hubiera sido tolerante e inclusiva hacia la homosexualidad y las diferencias raciales, entre otros tópicos. 

¿Cómo es la nueva película de ?

Pero a diferencia de esa producción de Ryan Murphy, la nueva película de David Fincher retrata a la Meca del cine de manera mucho más implacable y reveladora, desde un prometedor e intrigante punto de partida: mostrar cómo fue el proceso de escritura de una de las cintas más legendarias y elogiadas de la historia, el “Ciudadano Kane” (1941) de Orson Welles. En particular se centra en su guionista, Herman J. Mankiewicz, o «Mank» para los amigos, a quien vemos al inicio del largometraje llegando al que será su hogar durante el periodo que deberá encerrarse a escribir, una casa en una suerte de oasis en pleno desierto de Mojave. Sin más compañía que su secretaria y una criada, que también funciona como enfermera, el escritor sólo se verá interrumpido por las cada vez más nerviosas visitas del productor de la película, el actor John Houseman, quien servía de intermediario entre Welles y Mankiewicz, en el guion que llegaría a ganar el Oscar y que la historia ha ido encasillando casi como un logro individual del impresionante debut en la pantalla grande del veinteañero «niño prodigio», sumándose a su primera incursión como cineasta y actor protagónico, y dejando casi en segundo plano a Mank, a pesar de que siempre ha existido la teoría de que, en lo que se refiere al texto, gran parte del mérito es realmente suyo.

La Industria de Hollywood

Este no será el primer ni el último film en mostrar la cara ingrata o menos amable de la industria hollywoodense. Hay múltiples y emblemáticos ejemplos a lo largo de las décadas, desde “Sunset Boulevard” y “The Bad and the Beautiful” hasta “El día de la langosta” y “The Player”, entre tantas otras, pero acá además gana en complejidad con la incorporación de la arista política, ya que un rol gravitante en el argumento lo tienen las elecciones de gobernador en California en 1934, en las que Mayer toma partido apoyando abiertamente al candidato republicano, Frank Merriam, en vez del demócrata y ex militante socialista, el escritor Upton Sinclair, a quien el presidente de la MGM no vacilaba en llamar públicamente «gusano bolchevique». No es muy difícil encontrar en esta historia conexiones con la reciente situación política en el Estados Unidos de hoy (más aún recordando que Fincher estuvo detrás de la exitosa House of Cards), lo que le agrega densidad argumental a lo que en apariencia sólo podría ser una mirada al «backstage» de un clásico hollywoodense. 

Teniendo en cuenta la sólida y estimulante filmografía que Fincher ha construido a lo largo de casi tres décadas -con títulos tan recordados como “Los siete pecados capitales”, “El club de la pelea” y “Red social”-, que lo ha llevado a ser considerado uno de los cineastas más talentosos e interesantes del cine estadounidense actual, era lógico que hubiera muchas expectativas por su primer largometraje en seis años: tras la buena impresión que nos dejó en 2014 con “Perdida” (Gone Girl), en los últimos años parecía más dedicado a las series, como “Mindhunter”. Y si además por primera vez abordaba el mundo del cine, en el contexto de la creación de un hito fílmico como Ciudadano Kane, que ya ha sido abordada en anteriores ocasiones, pero siempre centrándose en la figura de Welles como en el de 1996 “The Battle over Citizen Kane”, del que a la vez surgió el telefilm “RKO 281”, de 1999, donde Mankiewicz era encarnado por John Malkovich  era comprensible que muchos cinéfilos ya pensaran que estabamos ante la película más importante de este enrarecido 2020. 

¿Y está Mank a la altura de esas expectativas? 

El veredicto sobre eso sin duda dependerá de cada espectador, pero aunque no esté al mismo nivel de sus cintas de referencia -como los ya mencionados anteriormente y además en especial la increíble “Zodiaco”- desde ya es posible decir que la elegancia de la puesta en escena de Fincher logra que éste sea uno de sus trabajos más sobrios y contenidos; y a la vez probablemente uno de los menos masivos y transversales de su carrera. Sí, porque es probable que gran parte de la audiencia habitual de no conecte demasiado con el ritmo o el tono del film, o sientan que su extensión se hace más larga de lo necesario, o muy especialmente, no logren captar buena parte del permanente desfile de nombres de figuras y títulos del cine clásico que son mencionados en los diálogos o aparecen brevemente en pantalla: desde personalidades de distintos ámbitos como Groucho Marx y Mary Pickford, el productor David O. Selznick y el cineasta Josef von Sternberg hasta las temidas columnistas Hedda Hopper y Louella Parsons, o algunos que sólo se ven fugazmente pero los más avezados sabrán que se trata del director de arte Cedric Gibbons o el actor Lionel Barrymore, o incluso un chiste en el que se alude al realizador Mervin LeRoy en un juego de palabras con la famosa obra de Victor Hugo Le roi s’amuse (El se divierte).

¿Demasiado sofisticado? 

Tal vez. Al mismo Mank le comentan en un momento de la película «Le pides demasiado al público de cine», o también «Nadie espera a Shakespeare». Y él llegará a responder en otro instante: «Pero sí escribo una ópera». Pero más allá de todos esos elaborados referentes o guiños -que incluyen, como era casi ineludible, algunos instantes que visualmente recuerdan a Ciudadano Kane-, esta nueva perspectiva de la historia nos muestra a un Fincher en plena forma, que quizás no recurre a golpes de efecto ni sorprende con el manejo de la tensión como ha hecho en otras ocasiones, pero de todos modos destaca por el rumbo severo, sombrío y melancólico que parece guiar el relato. Sin embargo, también hay muchos instantes donde surgen el humor y la ironía, gracias al soberbio Mank que interpreta el gran Gary Oldman, encabezando un sólido elenco con una de sus mejores interpretaciones de los últimos años, más contenido que lo habitual y dando vida a un individuo humano y complejo.

Desde que aparecen los créditos iniciales del film queda claro que hay un gran cuidado en la visualidad, que evoca el Hollywood de la época de la Gran Depresión con atención a los detalles sin que todo parezca un refinado, pero anticuado objeto de museo, sino aportando a esa atmósfera extraña y desasosegada que parece recorrer la historia, incluso en instantes apacibles o de gran belleza como esa caminata nocturna de Mank y Marion Davies, en la que a ratos se aparecen los animales que habitan en la propiedad de Hearst. Acá son fundamentales la hermosa fotografía en blanco y negro de Erik Messerschmidt y la dirección de arte que encabeza el diseñador de producción Donald Graham Burt, quien ya ganó el Oscar por otro trabajo junto a Fincher, “El curioso caso de Benjamin Button”. Y una vez más es necesario destacar a la formidable dupla musical de Trent Reznor y Atticus Ross, cuyas partituras han estado acompañando el cine del director desde su soundtrack ganador del Oscar para “La red social”; acá se muestran camaleónicos y optan por una partitura que prescinde de los sonidos electrónicos que caracterizan generalmente sus trabajos, para evocar por momentos al propio Bernard Herrmann -autor de la banda sonora de Ciudadano Kane y recordado por sus trabajos para Hitchcock y el Taxi Driver de Scorsese- e incluso lucirse en el uso del jazz. 

Con todos estos elementos, Mank quizás no es la deslumbrante obra maestra que muchos cinéfilos esperaban y tal vez le falte más emoción y se sienta más fría de lo que pudo ser, pero de todos modos es tan fascinante y atractiva como podíamos esperar con todos los elementos conjugados. Es un nuevo acierto de un Fincher que quizás parezca diferente a lo habitual en más de un aspecto, pero siempre aporta su sello y su inmenso talento. ¡Y después de verla, qué ganas dan de repetirse una vez más Ciudadano Kane! 

Título original: Mank
Director: David Fincher
Canal: Netflix
Pais: Estados Unidos
Género: , Comedia,
Año: 2020
Actores: Gary Oldman, Amanda Seyfried, , Tom Pelphrey, Arliss Howard, Tuppence Middleton, Sam Troughton, Tom Burke, Charles Dance, Ferdinand Kingsley

Suplemento semanal de Televitos, realizado por quienes tienen el Placer Culpable de amar los trabajos audiovisuales. Eso hace una gran diferencia.