La inteligencia artificial dejó hace tiempo de ser una tecnología reservada para laboratorios de investigación o grandes compañías tecnológicas. Hoy forma parte de las conversaciones estratégicas de empresas de prácticamente todos los sectores, desde retail y servicios financieros hasta educación, salud y manufactura. Sin embargo, en Chile existe una paradoja: las organizaciones están invirtiendo en IA, aseguran tener infraestructura preparada para adoptarla, pero muchas todavía no consiguen convertir ese esfuerzo en resultados concretos. Empresas chilenas enfrentan un nuevo desafío para escalar la inteligencia artificial: la fragmentación tecnológica.
Así lo revela la edición chilena de El Estado de la Transformación Digital en América Latina 2026, estudio encargado por ManageEngine y realizado por la firma independiente Censuswide. La investigación consultó a 150 responsables de TI y ejecutivos de negocios de distintas industrias en Chile y muestra que uno de los principales obstáculos para avanzar no necesariamente está en la inteligencia artificial misma, sino en todo lo que existe alrededor de ella.
El dato que más llama la atención es contundente: el 79% de las organizaciones chilenas identifica la fragmentación tecnológica como una limitación clave para escalar sus iniciativas de IA. Es decir, tener muchas herramientas y plataformas diferentes puede terminar dificultando aquello que justamente se busca conseguir con la tecnología: mayor eficiencia, automatización y capacidad de innovación.
Muchas herramientas, más complejidad
Uno de los problemas que identifica el estudio es la creciente cantidad de soluciones tecnológicas que utilizan las empresas. En promedio, las organizaciones chilenas trabajan con 14 herramientas tecnológicas, mientras que casi la mitad, específicamente el 47%, opera con entre 11 y 25 soluciones diferentes.
El resultado de esta proliferación no parece ser precisamente una operación más sencilla. De hecho, el 81% de las organizaciones afirma que el aumento de herramientas ha incrementado la complejidad operativa durante los últimos dos años.
Aquí aparece uno de los grandes desafíos para la IA empresarial. Cuando los datos están repartidos entre diferentes sistemas, las plataformas no necesariamente se comunican entre sí y los procesos dependen de múltiples herramientas, implementar una solución de inteligencia artificial puede convertirse en una tarea mucho más complicada.
El problema no es solamente tecnológico. También afecta la capacidad de las empresas para aprovechar sus inversiones. Según el estudio, la fragmentación dificulta la integración de datos, la automatización de procesos y la posibilidad de escalar proyectos de innovación.
Wilson Calderón, Associate Technical Director para Latinoamérica de ManageEngine, explicó que muchas organizaciones están intentando incorporar inteligencia artificial sobre ecosistemas tecnológicos que han crecido rápidamente y de manera fragmentada con el paso de los años.
En términos simples, es como intentar construir una nueva casa sobre una estructura en la que cada habitación fue levantada con planos diferentes. La IA puede ser muy potente, pero si no tiene acceso adecuado a los datos y procesos que necesita, su potencial queda limitado.
El desafío no termina en tener infraestructura para IA
Otro resultado interesante del estudio muestra la distancia que existe entre estar preparados técnicamente y conseguir resultados de negocio.
El 92% de las organizaciones chilenas considera que su infraestructura tecnológica está preparada para la inteligencia artificial. Sin embargo, al mismo tiempo, el 61% reconoce que no está obteniendo retorno de inversión (ROI) de sus iniciativas de IA.
La diferencia resulta reveladora. Contar con infraestructura adecuada no garantiza automáticamente que una implementación de inteligencia artificial vaya a generar beneficios económicos o mejoras significativas.
Entre las dificultades mencionadas aparecen la falta de profesionales especializados en IA y datos, una insuficiente coordinación entre los equipos técnicos y la alta dirección, las preocupaciones relacionadas con seguridad y cumplimiento normativo, además de la falta de casos de uso suficientemente claros o de métricas que permitan determinar si una iniciativa realmente está entregando resultados.
Por eso, la conversación sobre IA empresarial parece estar cambiando. Ya no se trata únicamente de preguntarse qué puede hacer una determinada herramienta, sino también de analizar si la organización cuenta con una arquitectura capaz de aprovecharla.
Tecnología heredada y ciberseguridad complican el panorama
La transformación digital tampoco ocurre sobre un terreno completamente nuevo. Muchas empresas todavía deben convivir con sistemas heredados y arquitecturas fragmentadas.
El informe señala que el 65% de las organizaciones chilenas depende principalmente de entornos heredados o de arquitecturas con silos en la nube. En detalle, un 37% se apoya principalmente en sistemas heredados y otro 28% opera con arquitecturas cloud fragmentadas.
Mientras tanto, solo un 17% de las organizaciones alcanza un nivel de madurez basado en una orquestación impulsada por inteligencia artificial.
Esta situación también tiene consecuencias en el presupuesto. El 81% de las empresas destina una mayor proporción de sus recursos de TI al mantenimiento y la integración de los entornos existentes que al desarrollo de nuevas iniciativas, mientras que apenas un 6% prioriza la inversión en innovación.
La automatización también tiene espacio para crecer: en promedio, las compañías encuestadas señalan que solo el 48% de sus procesos de negocio críticos están completamente automatizados.
Y mientras las empresas intentan modernizarse, la ciberseguridad agrega otra capa de complejidad. El 51% experimentó un aumento de ciberataques exitosos durante 2025 respecto de años anteriores, mientras que el 57% manifiesta una mayor preocupación por posibles filtraciones de información asociadas al uso de herramientas de IA generativa no autorizadas.
¿La solución? Simplificar antes de seguir sumando
Frente a este escenario, las organizaciones parecen estar llegando a una conclusión bastante lógica: quizás el siguiente paso de la transformación digital no consiste en agregar más herramientas, sino en reducir la complejidad existente.
El estudio revela que el 83% de las empresas chilenas planea consolidar sus proveedores tecnológicos durante los próximos 24 meses. El objetivo es disminuir la fricción operativa, facilitar la integración entre plataformas y establecer una base más segura para continuar avanzando en automatización e inteligencia artificial.
Esta tendencia representa un cambio interesante en la manera de entender la transformación digital. Durante años, sumar nuevas plataformas y soluciones podía interpretarse como una señal de modernización. Ahora, el desafío parece ser otro: conseguir que todas esas piezas funcionen juntas y que la tecnología realmente contribuya a los objetivos del negocio.
El estudio de ManageEngine deja, por lo tanto, una fotografía bastante clara del momento que atraviesan las empresas chilenas. Existe interés por la inteligencia artificial, hay inversiones y una amplia mayoría considera que posee infraestructura preparada, pero la fragmentación tecnológica, la falta de talento especializado, los sistemas heredados y las preocupaciones de seguridad están frenando la capacidad de convertir ese potencial en resultados.
La investigación forma parte de El Estado de la Transformación Digital en América Latina 2026, que encuestó a 1.000 responsables de TI y ejecutivos de alta dirección en Chile, Brasil, México, Colombia y República Dominicana, con 150 participantes correspondientes a Chile.
En definitiva, para que la inteligencia artificial pueda escalar dentro de las empresas chilenas, la respuesta podría no estar solamente en incorporar modelos más avanzados. También será necesario ordenar la casa tecnológica, conectar los sistemas, proteger los datos y establecer objetivos claros que permitan medir si toda esa innovación realmente está funcionando.






