Drive my Car

Estrenado mundialmente en la competencia oficial del Festival de Cannes, donde fue premiado por su guion, este filme japonés se basa en un relato de Haruki Murakami y en su trama tiene mucha importancia un clásico del teatro: "Tío Vania", de Chéjov. Nominado a cuatro Oscar incluyendo Mejor Película y Mejor Película Internacional, categoría en que es la favorita para ganar, se exhibe en el Centro Arte Alameda y desde el 1 de abril estará en la plataforma MUBI.

De Kurosawa a Miyazaki y Kore-eda, a lo largo de siete de las más de nueve décadas de existencia de los premios Oscar algunos de los principales nombres surgidos del cine japonés han logrado, al menos, una nominación en la ceremonia de la Academia de Hollywood. Y algunas emblemáticas producciones niponas han obtenido sus respectivas estatuillas, como “Rashomon” o “El viaje de Chihiro”. Pero hasta ahora nunca se había dado un reconocimiento como el que ha estado teniendo “Drive my Car”, que debutará en MUBI el próximo 1 de abril, pero antes a través de una alianza con la plataforma en Latinoamérica se puede ver en salas escogidas de cuatro países, en el caso de Chile exclusivamente en Santiago, en el Centro Arte Alameda/Sala CEINA.

El filme está nominado en cuatro categorías, la misma cantidad que en 1986 consiguió “Ran”, de Akira Kurosawa, en apartados como fotografía y dirección de arte. Pero estas nuevas nominaciones son históricas, porque no sólo está nominada en la categoría donde será la probable ganadora, Mejor Película Internacional, sino además con la candidatura de Ryusuke Hamaguchi por tercera vez un realizador nipón está nominado a Mejor Dirección, algo que antes sólo habían logrado Hiroshi Teshigahara en 1966 por “La mujer de las dunas” y el propio Kurosawa por “Ran”. Además, por primera vez un largometraje japonés está nominado en la categoría de guión -en este caso adaptado- y lo que más llama la atención es especialmente que además de postular como Mejor Película Internacional, haya sido nominada como Mejor Película, algo que nunca antes había conseguido una producción de ese país; estar nominado en ambas categorías es algo que en el pasado han obtenido sólo un puñado de títulos –“Z”, “La vida es bella”, “El tigre y el dragón”, “Amor” y “Roma”-, y la última vez fue hace dos años, con la coreana “Parasite”, con un doble triunfo que de inmediato se convirtió en leyenda.

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La culminación de un exitoso trayecto internacional

¿Merecía este reconocimiento y estas importantes nominaciones “Drive my Car” que, por mencionar un ejemplo reciente, otra producción nipona como la sólida y entrañable “Shoplifters”, de Hirokazu Kore-eda, ganadora de la Palma de Oro en Cannes y que en 2019 también estuvo nominada al Oscar, pero sólo como Mejor Película Internacional? Eso es relativo y dependerá de la percepción y gusto de cada cinéfilo y como todo lo que tiene que ver con los premios de la Academia hollywoodense se presta para distintos análisis e interpretaciones. Pero el hecho indiscutible es que este logro viene a ser la culminación del exitoso y elogiado trayecto internacional de este filme a lo largo del último año, iniciado con su participación en la competencia oficial del Festival de Cannes, donde ganó el premio al Mejor Guion y el premio Fipresci. Continuó con trofeos como Mejor Película Internacional en casi toda la temporada de premios previa al Oscar, entre ellos los Globos de Oro, los Independent Spirit Awards y hace pocos días el BAFTA, además de su presencia en buena parte de las listas de lo mejor del 2021 elaboradas por críticos y cinéfilos. Por tercer año consecutivo, los artistas del cine asiático tendrán una importante presencia en el Oscar, luego de los premios de “Parasite” y el año pasado la estatuilla como Mejor Actriz Secundaria para la coreana Youn Yuh-jung; si todo sigue el curso de lo esperado, será la segunda película japonesa en ganar como Mejor Película Internacional, algo que sólo había ocurrido en 2009, con “Departures”, al menos de manera competitiva, ya que en los años ’50 tres cintas niponas ganaron un Oscar honorario especial, entre ellas “Rashomon”.

Todo un mérito el de “Drive my Car”, sobre todo considerando que es un largometraje de tres horas (la más extensa de las 10 nominadas a Mejor Película este año), no es una gran superproducción ni aborda una historia grandilocuente, sino por el contrario es un relato contenido e intimista, sin grandes estridencias y cuya trama es más profunda, reflexiva e incluso intelectual que el promedio habitual de filmes que suele considerar la Academia de Hollywood, y en donde más que los despliegues visuales se privilegian las conversaciones, los silencios y las miradas, lo que no se dice pero el espectador puede intuir o adivinar. 

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De Murakami a Hamaguchi

Efectivamente el argumento en su superficie es muy simple: un reconocido actor y director teatral, Yusuke Kafuku, vive junto a su esposa, la actriz Oto, pero a partir de un viaje que debe realizar el protagonista surgirán distintas situaciones inesperadas que determinarán su destino; dos años después se trasladará a Hiroshima para una residencia teatral de dos meses que luego de audiciones a actores de distintos países asiáticos. Tras seis semanas de ensayo, culminará en dos semanas de funciones de un montaje de Tío Vania, uno de los grandes clásicos de Chéjov. Yusuke viajó en el mismo auto rojo que usa desde hace 15 años, pero los organizadores de la residencia le asignan una chofer personal, Misaki Watari, de 23 años, y aunque en principio él se niega, deberá aceptar que su vehículo sea conducido por la permanentemente escueta y seria joven, con la que se irá estableciendo un lazo muy especial, mientras se desarrollan los preparativos para el montaje teatral y el protagonista se relaciona con otros personajes.

A partir del relato homónimo que integra el libro del prestigioso escritor nipón Haruki Murakami: Hombres sin mujeres y tomando elementos de otras dos historias del mismo libro publicado originalmente hace casi una década, Hamaguchi y su coguionista Takamasa Oe configuran en “Drive my Car” una narración que en apariencia es sencilla, pero que incluye distintas capas y un tono muy particular. Aunque el realizador ha filmado una decena de largometrajes desde hace más de una década, algunos de ellos premiados en importantes festivales como Locarno, fue este 2021 cuando a los 42 años se dio a conocer a un público más amplio y por partida doble ya que además del éxito de “Drive my Car”, pocos meses antes estrenó otra película, en la competencia oficial de otro de los certámenes europeos más prestigiosos: “Wheel of Fortune and Fantasy” en el Festival de Berlín, por la que recibió el Oso de Plata y que por estos lados se pudo ver el año pasado en Sanfic.

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El relato y lo oral como eje argumental

Puede parecer curioso que un relato corto dé origen a una película de tres horas pero, aunque es entendible que no todos los espectadores estén de acuerdo con la extensión del largometraje, Hamaguchi consigue dotarlo de un tono muy especial. Y considerando los secretos, sorpresas y revelaciones que iremos conociendo, se logra mantener cautivo al espectador si éste se adapta y acostumbra a su particular ritmo, que no es precisamente lento o contemplativo en el sentido que tradicionalmente se asigna a esos términos, pero sí tiene un manejo del tiempo que puede exigir más concentración de lo habitual a los públicos más inquietos e impacientes. Una puesta en escena llena de sutilezas y detalles, la música de Eiko Ishibashi que aparece esporádicamente en momentos muy puntuales y las sólidas actuaciones del elenco encabezado por Hidetoshi Nishijima como Yusuke -un personaje complejo, melancólico y sensible pero reservado- van conformando el tono de esta película en la que es fundamental el concepto del relato, de la oralidad, del lenguaje y cómo se transmite, ya sea en historias que se cuentan durante y después del sexo, en cómo se expresa alguien que es mudo, en largas conversaciones que se extienden más de lo esperado y, cómo no, en los ensayos -en distintos idiomas- de Tío Vania, esa misma célebre obra que en 1994 ya fuera el punto de partida para la última película de Louis Malle, Vanya en la calle 42, creada en torno a un montaje contemporáneo del clásico ruso en Broadway.

Que prácticamente todo el filme transcurra en una ciudad tan simbólica como Hiroshima -la misma que hace seis décadas ya inspirara la recordada “Hiroshima mon amor”, de Resnais-, los trayectos en el auto del protagonista o el poder mismo que evocan las palabras y diálogos de Chéjov, son elementos que van conformando una suerte de road movie que en distintos momentos es casi hipnótica y que si bien no es para un público transversal y masivo y probablemente sea más apreciada por audiencias más cinéfilas, de todos modos es capaz de conmover, de hacer reflexionar y permitir que nos conectemos con lo que viven sus personajes -y las dinámicas que se desarrollan entre ellos-, que se sienten complejos y humanos en medio de procesos y etapas decisivas.

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Título Original: Doraibu mai kâ
Director: Ryusuke Hamaguchi
País: Japón
Año: 2021
Género: Drama
Duración: 179 minutos
Guión: Ryusuke Hamaguchi, Takamasa Oe
Con: Hidetoshi Nishijima, Toko Miura, Reika Kirishima, Masaki Okada, Park Yu-rim, Jin Dae-yeon, Sonia Yuan, Ahn Hwitae, Perry Dizon
Música: Eiko Ishibashi
Producción: Teruhisa Yamamoto
Fecha de Estreno: 17 de marzo en cines, desde el 1 de abril en MUBI
En Cines: Centro Arte Alameda, Sala Ceina
Plataforma: MUBI

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Suplemento semanal de Televitos, realizado por quienes tienen el Placer Culpable de amar los trabajos audiovisuales. Eso hace una gran diferencia.