Top Gun: Maverick

Elogiada por la crítica, la secuela del hit ochentero puede ser un producto convencional y típicamente hollywoodense, pero en distintos aspectos es mucho más efectiva y funciona mejor como película que la original, y sabe aprovechar bien la nostalgia y el sentido del paso del tiempo.

Desde que vemos las primeras imágenes a los sones de «Danger Zone» de Kenny Loggins, uno de los hits musicales de Top Gun que se convirtieron en clásicos ineludibles en la banda sonora de los años ’80, queda claro que la secuela, Top Gun: Maverick, que acaba de llegar a la cartelera 36 años después de la cinta original, apuesta fuerte por la nostalgia. Suena por ahí también el «himno» compuesto para la producción de 1986 por Harold Faltermeyer, se intercalan algunas escenas y fotos de ésta donde podemos ver nuevamente a unos juveniles Meg Ryan y Anthony Edwards junto al protagonista de ese entonces, que vuelve a ser el de ahora: próximo a cumplir 60 años, en los mismos días en que lo vimos también en el primer tráiler de una nueva y vertiginosa entrega de Misión: Imposible, el incombustible Tom Cruise, en su doble rol de actor principal y productor, es la principal razón de ser de este retorno fílmico, que hace algunos años tal vez habría sido impensado. 

Porque como más de alguien ha dicho, a diferencia de otras esperadas producciones que han traído de regreso a los personajes o historias de alguna cinta emblemática de décadas pasadas, esta es «una secuela que nadie pidió», a pesar de la popularidad de la primera entrega. En ese entonces se trataba del segundo largometraje del director británico Tony Scott, quien luego desarrollaría una carrera especializada en el cine de acción que con el tiempo iría siendo cada vez más valorada por los críticos y cinéfilos; fallecido hace una década, a él está dedicada esta secuela, y en estricto rigor hay que decir que la cinta de 1986 no era una obra maestra ni mucho menos: contaba una historia de amor y superación personal predecible y llena de clichés, pero era entretenida y dinámica. Supo conjugar bien la visualidad que le debía mucho a la estética publicitaria; hizo las delicias de los fanáticos de los aviones, contaba con un soundtrack que se volvería una sensación y sacaba buen partido a su elenco de ascendentes y atractivas figuras juveniles. Pero de ahí a que fuera un hito de la historia del cine que requiriera una continuación, o que ésta se pudiera justificar -como en Blade Runner 2049, por ejemplo- había mucha distancia. 

El estatus de Cruise

Haya sido por la insistencia de Cruise o la tendencia de traer a nuestros días o reactivar todo lo relacionado con los años ’80, ya sea la estética o películas de esa década, que tan bien han impulsado series como Stranger Things o Cobra Kai, el asunto es que en este nuevo Top Gun -que por si hubiera alguna duda, lleva como parte del título el nombre de su protagonista-, en vez de un remake como es cada vez más habitual en las últimas dos décadas, se optó por una continuación, aunque si se analiza bien en el fondo es casi volver a contar la misma historia, siguiendo esquemas muy similares. Y el resultado en distintos aspectos es mucho más efectivo y funciona mejor como película que la original, como ya lo han destacado los elogiosos comentarios que ha estado recibiendo de la crítica internacional, en particular luego del paso del filme por el Festival de Cannes, donde Cruise no iba desde hace tres décadas y ahora se hizo presente junto al equipo de la película en una recepción donde no sólo lo homenajearon, sino hasta le dieron una Palma de Oro honoraria por su trayectoria.

Nuevamente -al igual que la original- producido por Jerry Bruckheimer, este proyecto que lleva desarrollándose por más de una década, sufrió postergaciones por distintos motivos, incluyendo la pandemia. Pero la espera valió la pena, no sólo por la buena recepción crítica, sino además por el momento en el que llegó a la cartelera: en estos últimos dos años el debate entre estrenar directamente en cine o en plataformas se ha hecho más omnipresente, y en ese sentido que acá se haya optado por priorizar la pantalla grande por sobre el streaming como primera vitrina de difusión, no sólo es una apuesta sino además demuestra una vez más el estatus que tiene Cruise en la industria, confirmando que es una de las pocas estrellas de Hollywood en el sentido clásico del término. Hace cuatro años que no tenía un estreno suyo en cines y se entiende que se la jugara por un proyecto al que está ligado de manera tan directa llegue al público de la manera que él quería, incluso aunque fuera a contracorriente de las modas y tendencias del mercado.

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Una lograda continuación

Aunque estamos ante un producto convencional y típicamente hollywoodense, cuyo guion -entre cuyos escritores está un frecuente colaborador de Cruise a lo largo de los últimos 15 años, el realizador y guionista Christopher McQuarrie- no elude los clichés y estereotipos argumentales y fílmicos. Efectivamente, el resultado es mucho mejor de lo esperado: una de las pocas secuelas del último tiempo que funcionan bien como espectáculo y entretención a la manera de lo que antes era más habitual en las grandes producciones comerciales. No es cine de autor, no es un hito en su género, pero es muy coherente con lo que se puede esperar de ella. La historia es básica, con Cruise de regreso a la escuela para pilotos de élite conocida como Top Gun, pero en este retorno 30 años después le tocará entrenar para una misión suicida a un grupo de impetuosos jóvenes, entre los cuales está el hijo de su mejor amigo «Goose», con el que hay cuentas pendientes desde hace mucho tiempo, una conexión con el pasado a la que se agregará el reencuentro con una antigua novia de Maverick y especialmente el volver a ver a quien fuera su gran rival en la primera parte, el «Iceman», que ahora es almirante, y vuelve a encarnar el hoy alicaído Val Kilmer.

Si bien Cruise tiene muy buena química con la siempre bella y encantadora Jennifer Connelly, Miles Teller cumple adecuadamente con lo que se espera de su personaje y en el elenco figuran actores de reconocida trayectoria como Jon Hamm y el veterano Ed Harris, la mayoría de los personajes secundarios están al servicio del lucimiento del protagonista y no tienen mayor desarrollo o profundidad, exceptuando la innegable emoción que implica el breve pero significativo reencuentro entre Cruise y el personaje de Kilmer. El cineasta Joseph Kosinski, quien hace casi una década ya trabajó con Cruise en Oblivion: El tiempo del olvido y ya había dirigido una secuela de una recordada cinta ochentera cuando en 2010 estuvo a cargo de Tron: Legacy, orquesta un filme que pese a sus estereotipos está muy bien logrado. Si el espectador sabe a lo que va y entiende que estamos ante un producto de evidente vocación comercial, cuidado en los más diversos aspectos -desde la fotografía del chileno ganador del Oscar Claudio Miranda hasta la efectiva nueva canción de Lady Gaga, e incluyendo el aporte tecnológico y visual que ayuda a que las secuencias de vuelo sean aún más potentes y adrenalínicas que las de la cinta de 1986-, bastará con dejarse llevar y disfrutar de una producción como las de antes, lo que va muy de acuerdo con la nostalgia y el sentido del paso del tiempo que transmite el argumento, por más que el Maverick de Cruise se mantenga en excelente estado, siempre temerario e intrépido.

Título Original: Top Gun: Maverick
Director: Joseph Kosinski
País: Estados Unidos
Año: 2022
Género: Acción, Drama
Duración: 2 horas 11 mínutos
Con: Tom Cruise, Jennifer Connelly, Miles Teller, Val Kilmer, Bashir Salahuddin, Jon Hamm, Charles Parnell, Monica Barbaro, Glen Powell, Jay Ellis, Lewis Pullman
Guión: Ehren Kruger, Eric Warren Singer, Christopher McQuarrie, basado en la historia de Peter Craig y Justin Marks y el los personajes de Jim Cash y Jack Epps Jr.
Música: Lorne Balfe
Producción: Jerry Bruckheimer, Christopher McQuarrie, Tom Cruise, David Ellison
Fecha de estreno: 26 de mayo, 2022
Web: Página Oficial
Distribuidora: Andes Films Chile

Suplemento semanal de Televitos, realizado por quienes tienen el Placer Culpable de amar los trabajos audiovisuales. Eso hace una gran diferencia.