Sean Connery, mucho más que James Bond…

Pasó sus últimos años lejos de la mirada del público en su residencia de Bahamas, donde a poco de cumplir los 90 años se fue de este plano en un sueño que lo hará nuevamente inmortal.

¿Cuántos actores pueden ostentar tener una lista de papeles icónicos? ¿Cuántos histriones pueden, a lo largo de su historia, ser marcados por un rol, y a la vez seguir destacando en diferentes películas? Sean Connery, sin duda alguna, cumple con todas las anteriores.

By Marcela Yianatos y Francisco Pablo Arriagada

Alto, encantador, reservado, y con carácter; el escocés no sólo fue una cara bonita. Supo llevar su carrera donde quiso, mover las piezas a manera de demostrar que era bastante más que James Bond, personaje que amaba tanto como odiaba.

Proveniente de una humilde familia escocesa, de muy joven comenzó a trabajar en diversos oficios: estuvo en la marina británica, fue físico culturista, y modelo. Se dedicó también al fútbol, teniendo ofertas importantes, como la del Manchester United, pero él estaba determinado a ser actor.

En 1961 los productores “Cubby” Broccoli y Harry Saltzman le dieron la oportunidad de su vida para llevar a la pantalla al seductor y astuto agente británico James Bond, personaje basado en la obra de Ian Fleming, aunque el actor no fue ni la primera, ni la segunda o tercera opción. Un año más tarde, ve la luz la primera película de la saga, “Dr. No”, siendo un éxito inmediato entre todo tipo de público, luego le sigue en 1963 la película “From Russia with love”, llegando la consagración en 1964 con “Goldfinger”, donde 007 se enfrenta a uno de los villanos más recordados, el obsesivo del oro, Audric Goldfinger, además de contar con una de las mejores ‘chicas Bond’ de la historia, ‘Pussy Galore’, interpretada por Honor Blackman.

Ese mismo año Connery, demostrando sus dotes dramáticos, estrena ‘Marnie’ junto a Tippi Heddren, una de las obras más controversiales e infravaloradas del maestro del suspense Alfred Hitchcock. Durante 1965 llega al cine “Thunderball” como otro gran éxito, ganando incluso el Oscar a los mejores efectos especiales. Dos años después se estrena “You only live twice”, en cuyo rodaje comienza el principio del fin del actor interpretando al agente secreto. Su hastío de repetir una y otra vez al mismo personaje, más la fractura en su relación con Broccoli y Saltzman le hacen decir adiós a la posibilidad de continuar en la siguiente entrega: “On her majesty secret service”. Un desconocido modelo australiano, George Lazenby, se convierte en su sucesor, pero el peso de seguir sus pasos se vuelve insoportable.

En los años siguientes, Sean realiza algunas películas no muy destacas y dirige un documental llamado “The bowler and the Bunnet”, pero ya entrados los años 70s, y tras la fría recepción de “Al servicio secreto de su majestad”, la producción de las cintas de Bond, Eon, trae de vuelta a Sean Connery limando asperezas con una enorme cantidad de dinero, que luego él donaría a una escuela en Escocia, además de ofrecerle la posibilidad real de interpretar roles más desafiantes dramáticamente y diametralmente opuestos al reconocido agente.

Es así como en 1971 llega “Diamonds are forever”, una floja película comparada con su predecesoras, siendo así su despedida del personaje de manera oficial, dando paso a Roger Moore, quien dicho sea de paso, era su amigo.

Su sello como un 007 seductor, elegante, atlético, irónico, perspicaz, a marcado pauta en todos los que le han sucedido, por algo para muchos no ha dejado de ser el mejor.

Y justamente, para deleite de los fans, en 1983, retoma su licencia para matar, esta vez en una reversion de “Thunderball” llamada irónicamente “Never say never again”, haciendo alusión a los dichos del actor, años antes, sobre jamás volver a repetir como James Bond. Esta producción que nada tiene que ver con EON Production se estrena casi al mismo tiempo que el film oficial de la franquicia “Octopussy”. Ambas cintas tienen éxito en taquilla, los fanáticos quedan extasiados de la doble ración. Connery, de 52 años, no ha perdido su encanto como el super espía , todo lo contrario, se nota cómodo en sus zapatos.

Tras dejar atrás a James Bond, el primer proyecto que Sean Connery elige es ‘La Ofensa’ (1973), un policíaco sombrío, basado en una obra de John Hopkins. Dirigida por Sidney Lumet, en la que sería su tercera colaboración, el actor interpreta al violento, amargado y alcohólico sargento Johnson, un hombre al borde de la locura después de dos décadas investigando violaciones, asesinatos y abuso de menores. Una película que combina una forma teatral compleja con actuaciones crudamente naturalistas y densas, en donde pudo demostrar su verdadero talento como intérprete.

El año siguiente ve la luz el que probablemente sea el proyecto más bizarro de su filmografía, cinta de ciencia ficción post apocalíptica, “Zardoz”, a cargo de John Boorman. En ella, un Connery bigotudo y semi desnudo, interpreta a Zed, un hombre entrenado para matar. La película, en la que también participa Charlotte Rampling, fue un fracaso comercial enorme, recibió críticas dispares, inclusive el público se retira de las salas antes del final, advirtiéndole a los próximos asistentes que no pierdan su dinero. “Zardoz” fue olvidada e imposible de encontrar hasta 1984, gracias al circuito del VHS. Convirtiéndose en cinta de culto, actualmente reivindicada por la crítica moderna, que alaba su estilo ambicioso y provocativo.

Su carrera se afianzó en el Hollywood de los ’70 en películas como “Asesinato en el Orient Express” de 1974, nuevamente con Lumet; y con John Huston en “The Man Who would be king”, junto a su eterno amigo Michael Caine, un año después. Una maravilla épica, emocionante y divertida que desborda carisma en sus actores protagonistas.

Interpretó a un Robin Hood maduro en ‘Robin y Marian’ de Richard Lester junto a Audrey Hepburn en 1976, en uno de los últimos papeles de la actriz.

Entrada la década de los 80, Sean Connery participaría en una variedad interesante de películas, se arriesgó en distintos géneros, y forjaría su personalidad de hombre rudo. En 1981, trabaja junto al director Peter Hyams en ‘Outland’, una revisión de la mítica ‘Solo ante el peligro’, western de ciencia ficción y un espectáculo de primera que nunca ha ocupado el espacio que merece dentro del género.

Puede ser que la rudeza y las dificultades que enfrentó durante su infancia y juventud fueran las fortalezas que Sean empleó en la concepción de sus personajes durante la década de los 80. El teniente Jim Malone, un veterano policía convocado a integrar un grupo para acabar con Al Capone en “Los intocables”, fue sin duda uno de sus roles más rudos y queridos, el que le mereció su único Óscar, un Globo de Oro, además de un Bafta. La representación de Marko Ramius, el comandante de un submarino nuclear ruso que busca desertar en “A la caza del octubre rojo”, un estupendo thriller de acción en el que terminó robándose la atención, igual como ocurrió luego con varios de los papeles secundarios que obtuvo.

Cuando Jean-Jacques Annaud decidió llevar a la pantalla la gran novela de Umberto Eco, “El nombre de la rosa”, solo se encontró con una reticencia por parte del escritor italiano, ¿Cómo iba a interpretar a Fray Guillermo de Baskerville el actor al que todos seguían relacionando con James Bond, si el personaje no era sino un homenaje a Sherlock Holmes, una especie de anti 007? Sin embargo, Connery le despejó todas las dudas y demostró que podía resolver un caso utilizando el intelecto, al igual que lo había hecho antes con la acción.

Otra película que le valió reconocimiento fue la taquillera «Indiana Jones y la última cruzada», dirigida por Steven Spielberg. En la cinta, el actor escocés desempeñó el papel de Henry Jones, padre de Indiana, quien es capturado por los nazis durante su búsqueda del Santo Grial. Si bien la temática del filme es encontrar el mítico objeto, el foco se concentra principalmente en la búsqueda de Henry Jones y de restablecer la relación padre e hijo.

En los años 90 interpreta a un colérico Rey Arturo en “Lancelot, el primer caballero” y pone voz a “Draco” en ese pequeño clásico familiar llamado “Corazón de dragón”, pero nadie estaba preparado para la avalancha de explosiones y testosterona de “La Roca”, el segundo film de Michael Bay como director. En ella interpreta a John Mason, exagente secreto acusado de alta traición al que recurría el FBI para infiltrarse junto a Nicolas Cage en la prisión de Alcatraz, tomada por el marine interpretado por Ed Harris. La leyenda urbana dice que su personaje es el mísmísimo James Bond.

Decidió retirarse voluntariamente en 2003, después de rodar y protagonizar “La liga de los hombres extraordinarios”, un film conflictivo en varios aspectos, no tuvo buena relación con el director y los críticos no le dejaron en buen lugar, esto lo le llevó a pensar que posiblemente ya había dado lo mejor de su carrera y siendo así, no era buena idea estropear un legado de por sí interesante. Al fin y al cabo, él había sido el padre de Indiana Jones, Guillermo de Baskerville y, por supuesto, el primer agente 007.

Sean Connery amasó fama, fortuna, prestigio, cariño, respeto, y sin nuevos horizontes apetecibles, decidió, de manera pragmática, nunca más volver a actuar, sólo y dedicarse a los placeres de la vida con su esposa Micheline Roquebrune.

Había rechazado unos años antes ser Gandalf en la trilogía de “El Señor de los Anillos”, señal, quizá, de que empezaba a fallarle el olfato, o de que su criterio actoral estaba muy lejos del nuevo Hollywood, además le dijo no a Spielberg cuando lo llamó para hacer la cuarta película de la saga Indiana Jones…Y mientras le cerraba la puerta al cine, recorría su campo de golf.

Thomas Sean Connery fue nombrado el hombre más sexy vivo a las 59 años por la Revista People, le fue otorgado el titulo de caballero por la Reina Isabel II a los 69, a los 76 recibió el American Film Institute, Life Achievement award. Durante su carrera recibió incontables nominaciones y premios, fue agente secreto, robin hood, el rey arturo, un general ruso, policía, estafador, inmortal… Pasó sus últimos años lejos de la mirada del público en su residencia de Bahamas, donde a poco de cumplir los 90 años se fue de este plano en un sueño que lo hará nuevamente inmortal.