El Mauritano

Además de protagonizar en Netflix la serie La serpiente que también comentamos en Placer Culpable, el talentoso Tahar Rahim llega esta semana a la cartelera virtual en un rol muy distinto, aunque nuevamente en una historia basada en hechos reales.

A pesar de las limitaciones que ha impuesto la pandemia, el último año del talentoso actor francés Tahar Rahim ha sido muy intenso. Primero, hace casi un año debutó en la serie The Eddy, la que si bien no tuvo tanta repercusión como se esperaba, le permitió aparecer en un rol episódico pero determinante en la trama y ser dirigido por el ganador del Oscar Damien Chazelle. Ahora, luego de que hace unos días debutara en la misma plataforma la serie “La serpiente” -cuya crítica, escrita por Lya Rosén, puedes leer también en Placer Culpable-, llega a la cartelera virtual protagonizando la película “El mauritano”, otra historia basada en hechos reales, pero ahora en un papel muy distinto al frío, implacable y manipulador criminal que encarna en la producción de Netflix.

Este contundente período conforma probablemente la segunda etapa más exitosa a nivel internacional para el intérprete, desde que en 2009 se convirtiera en una revelación protagonizando la notable “Un profeta”, de Jacques Audiard. Esta producción fue premiada en su estreno mundial en la competencia oficial del Festival de Cannes, nominada al Oscar y el Globo de Oro y por la cual Rahim fue elegido mejor actor en los César y en los Premios del Europeo. Y aunque a lo largo de la última década lo vimos en títulos destacados como “El pasado”, del iraní Asghar Farhadi, es con el trío de producciones ya mencionadas que el actor ha estado dando que hablar más que nunca en el último tiempo, con repercusiones más masivas gracias a Netflix. De las tres, la que le ha permitido cosechar mejores elogios y críticas es “El mauritano”, donde su desempeño actoral es para muchos lo más inolvidable del film.

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Las posibilidades de Oscar que no resultaron

Al estrenarse en febrero, este largometraje alcanzaba a ser considerado en los posibles nominados al Oscar, debido al período extendido que hubo este año a raíz de la pandemia; y cuando obtuvo dos nominaciones al Globo de Oro, una para Rahim y la otra para Jodie Foster como Mejor Secundaria, trofeo que finalmente obtuvo la reconocida figura estadounidense, muchos se preguntaban si quizás la producción sería nominada a los premios de la hollywoodense, más aún cuando en Inglaterra se anunciaron las nominaciones a los BAFTA, donde está postulando a cinco estatuillas, incluyendo Mejor Película y Mejor Actor. Finalmente no fue nominada al Oscar, pero de todos modos el Globo de Oro de Foster y la postulación a los BAFTA han ayudado a generar aún más atención sobre este drama con tintes de investigación judicial y denuncia social. 

En esta trama cuya principal transcurre en 2005, se recurre a muchos flashbacks para explicar al espectador lo que ocurrió antes en el pasado -afortunadamente de manera más lograda y menos confusa que los constantes saltos temporales de la serie “La serpiente”-, Rahim interpreta a Mohamedou Ould Slahi, un mauritano prisionero en Guantánamo, a quien se acusa de ser el reclutador jefe para los ataques que desde Alemania desembocaron en el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York. Está arriesgando la posibilidad de ser condenado a muerte y en su contra tiene al frente de la acusación a un hábil fiscal militar interpretado por , quien además tiene motivos personales para abordar la causa, ya que uno de sus amigos más cercanos falleció en uno de los aviones estrellados el 11-S.

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Elenco que aporta credibilidad

Contrastando con el suspenso que se desarrollará posteriormente, la película comienza de manera plácida, con el protagonista en una apacible playa. Es noviembre del 2001, han pasado sólo dos meses de los atentados a las Torres Gemelas y Mohamedou está de regreso en su país natal para asistir a una boda familiar. Venido desde Alemania, donde vive desde que en 1990, se fue a estudiar ingeniería eléctrica. En medio de la fiesta, vendrán a buscar al joven y será ahí donde comienza su calvario, en un viaje que desembocará en la tristemente célebre prisión de la base estadounidense en Cuba. Entre las pruebas que se esgrimirán en su contra figuran haber sido parte de Al-Qaeda y una llamada que recibió ni más ni menos que desde el teléfono satelital de Osama Bin Laden; las conexiones de verdad le juegan en contra, al extremo que en un momento un funcionario lo define como «el Forrest Gump de Al-Qaeda». Interrogado 18 horas diarias todos los días durante tres años, Mohamedou parece tener todo en su contra.

Hasta que en 2004, en Albuquerque, Nuevo México, el caso pasa a tener una abogada defensora y no cualquiera: Nancy Hollander, de quien se dice que ha estado «luchando contra el gobierno desde Vietnam», apoyando causas que no siempre cuentan con el apoyo de la sociedad estadounidense, lo que ha llevado que incluso la consideren una «abogada terrorista». Demostrar que el gobierno no tiene pruebas suficientes para condenar al protagonista será el desafío que asume este personaje que Jodie Foster encarna con ese desplante y manejo interpretativo que el público ha aprendido a apreciar y admirar; eficiente, pulcra, fría y ejecutiva cuando es necesario, pero también capaz de emocionarse cuando llega el momento, Foster se luce una vez más. Aunque tal vez no era para ganar el Globo de Oro o conseguir una nominación al Oscar, de todos modos su actuación es una de las mayores fortalezas de esta película, especialmente cuando comparte escenas con Tahar Rahim, quien de verdad está excelente. El actor se expresa con matices y diversos recursos en un personaje que transita por distintas emociones: simpático e incluso jovial por momentos,  como cuando bromea con las cosas que ha aprendido viendo el canal E! o cuando se despide diciendo «See You Later, Alligator»-. Cálido y carismático cuando establece comunicación con otro preso al que no puede ver, pero también demostrando su carácter cuando es imposible aguantarse o cediendo a la emoción y transmitiéndola a la audiencia.   

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Como el abogado Stuart Couch, Benedict Cumberbatch despliega aquí su habitual solidez interpretativa, en especial su formidable uso de la voz, en un rol que consigue generar empatía en el espectador a pesar de la posición que le toca asumir.  El resto del eficiente elenco incluye entre otros a una desaprovechada Shailene Woodley en un personaje que no logra tener mayor relevancia, y en roles secundarios a actores que hemos visto destacar de manera más protagónica en otras producciones, como el estadounidense Zachary Levi -el protagonista de ¡Shazam!- o el francés Denis Ménochet, quien se ha lucido en unas cuantas ocasiones, desde su memorable escena junto a Christoph Waltz al inicio de Bastardos sin gloria hasta sus dos excelentes interpretaciones nominadas al premio César, en la intensa y angustiante Custodia compartida y en Gracias a Dios, de Ozon.

Un director y sus denuncias de la realidad

Tras sus inicios en el documental en los años ’90, que incluyeron el Oscar al en 2000 con One Day in September y títulos como el adrenalínico Tocando el vacío (2003), en los últimos 15 años el director escocés Kevin Macdonald ha incursionado también con buenos resultados en la ficción, con trabajos que de todos modos están basados en hechos reales y denuncian situaciones contemporáneas, y convocando prestigiosos elencos, en títulos como en El último rey de Escocia -por el que Forest Whitaker ganó el Oscar- y Los secretos del poder. En El mauritano, nuevamente cuenta con un llamativo reparto -incluyendo a Rahim, con quien ya trabajó en 2011 en La legión del águila, ambientada en la antigua Roma- para contar esta historia que merecía ser más difundida con sus alcances y cuestionamientos a las decisiones oficiales del gobierno estadounidense, a partir del libro que escribió el propio Mohamedou contando sus vivencias en Guantánamo. 

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Considerando en que ya se han hecho tantas películas sobre prisioneros políticos, abusos policiales y trámites legales, el resultado es en lo formal muy convencional y hasta genérico, pero de todos modos Macdonald desarrolla un relato dinámico, aprovecha las capacidades interpretativas de sus actores y utiliza muy bien la variedad de espacios de las distintas locaciones. En lo visual, el realizador apuesta también por distintos formatos de encuadre para diferenciar las escenas del pasado con el presente, y la puesta en escena es fluida y en general mantiene un buen ritmo, si bien al último tramo tal vez le faltó más fuerza y resolución, aunque lo que se ve en los créditos finales son un gran aporte como complemento. A pesar de que hay momentos y sutilezas que pueden conmover (desde la despedida de una madre a los diálogos entre el acusado y los abogados), llama la atención que el tono es más contenido, hay momentos de relajo y hasta humor y no cae en excesos lacrimógenos como podría haber pasado con una historia como esta, aunque las escenas de interrogatorio podrán parecer exageradas o caricaturescas a más de algún espectador. En su conjunto, más allá de sus convencionalismos o los alcances que se le pueden encontrar, sin ser un film extraordinario o que marque un hito, igual El mauritano logra transmitir la humanidad y urgencia de una historia que nos permite distintas reflexiones.

Título Original: The Mauritanian
Director: Kevin Macdonald
País: Inglaterra, Estados Unidos
Año: 2021
Género: Drama,
Duración: 129 minutos
Con: Tahar Rahim, Jodie Foster, Benedict Cumberbatch, Shailene Woodley,  Zachary Levi, Justine Mitchell, David Fynn, Saamer Usmani, Denis Ménochet, Matthew Marsh
Guión: Michael Bronner, Rory Haines, Sohrab Noshirvani
Música: Tom Hodge
Producción: Adam Ackland, Michael Bronner, Leah Clarke, Benedict Cumberbatch, Christine Holder, Mark Holder, Beatriz Levin, Lloyd Levin, Branwen Prestwood Smith
Fecha De Estreno: 8 de abril
Distribuidora/Plataforma: BF Distribution / Cines online de Cinemark y Hoyts

Suplemento semanal de Televitos, realizado por quienes tienen el Placer Culpable de amar los trabajos audiovisuales. Eso hace una gran diferencia.