Abr 22, 2026

Roxette: un viaje emocional de 40 años que sigue intacto

La banda sueca regresó a los escenarios con un show cargado de nostalgia, grandes éxitos y una conexión inquebrantable con su público, en una noche donde el pasado y el presente convivieron con intensidad.

Pasadas las 9 de la noche, Roxette subió al escenario del Movistar Arena con una energía difícil de replicar. No se trata solo de oficio ni de trayectoria, sino de algo más profundo: una conexión generacional que pocas bandas logran sostener durante décadas.

Con 40 años de historia a cuestas, el grupo sueco no solo ofreció un concierto, sino un recorrido emocional por la vida de su público. Entre canción y canción, se sentía ese vínculo construido a lo largo del tiempo: desde los años de colegio hasta la universidad, los amores, los quiebres, los matrimonios e incluso la vida familiar.

Memoria colectiva

Roxette no es solo un grupo; es parte de la banda sonora personal de millones. Y eso se hizo evidente en cada coro coreado con fuerza por un público que no necesitó instrucciones para sumarse.

El show avanzó con precisión, encadenando éxito tras éxito y reservando para el final algunos de sus momentos más icónicos. Pero también hubo espacio para sorpresas: en un momento, la banda liderada por Per Gessle se presentó formalmente, destacando a sus integrantes, varios de ellos parte de la formación original reunida por el frontman.

Fue ahí cuando uno de los guitarristas tomó protagonismo con un solo inesperado: una interpretación del icónico riff de “La voz de los ‘80” de Los Prisioneros, en una suerte de guiño y homenaje a la música chilena. 

El peso de la ausencia

La ausencia de Marie Fredriksson, fallecida tras su batalla contra el cáncer en 2019, se sintió con fuerza, pero también con respeto. Su legado no solo estuvo presente: fue protagonista en carteles, poleras y en el que fue uno de los momentos más emotivos de la noche cuando llegó el turno de “It Must Have Been Love”, la cual fue dedicada a su memoria. La interpretación transformó el recinto en un espacio de reencuentro colectivo. No es casualidad: la canción, parte de la banda sonora de Pretty Woman y recientemente superando los mil millones de reproducciones en Spotify, sigue siendo un himno transversal.

Una nueva voz, un desafío inevitable

La nueva vocalista Lena Philipsson asumió un desafío complejo: pararse frente a un repertorio profundamente arraigado en la memoria colectiva. Su interpretación mostró compromiso y talento, adaptando tonalidades y llevando las canciones hacia su propio registro.

Sin embargo, en ciertos momentos esa reinterpretación puede romper levemente la burbuja nostálgica que muchos buscan revivir intacta. No se trata de una comparación directa, la cual es inevitable pero injusta, sino de una transición natural en una banda con una identidad tan marcada.

Aun así, el público respondió sin reservas. Cantó cada tema, celebró cada acorde y pidió más, evidenciando que el vínculo con Roxette sigue más vigente que nunca.

En ese contexto, no sería extraño imaginar a la banda como parte de futuras ediciones del Festival de Viña del Mar. Tienen historia con el país, una batería de éxitos probados y, sobre todo, una conexión real con la audiencia local.

Porque cuando una banda logra acompañar distintas etapas de la vida, deja de ser solo música y se convierte en memoria. Más que un concierto, lo de anoche fue una confirmación: hay historias que no envejecen, solo se transforman. Y Roxette sigue siendo una de ellas.

Ana Guajardo

Soy fanática del cine, aunque mi verdadero amor son los viajes y la tecnología. Llevo cerca de 10 años colaborando con diversos medios con reseñas, entrevistas y contenido.

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