Belfast

Nominada a siete Oscar incluyendo Mejor Película y Mejor Dirección, esta producción con un buen trabajo de actores y en la que Kenneth Branagh recrea su infancia en medio de tiempos convulsionados, es un filme convencional, pero que de todos modos puede ser efectivo y atractivo para el público.

En 2018 fue Alfonso Cuarón con “Roma”, recientemente fue el turno de Paolo Sorrentino en “Fue la mano de Dios” y Steven Spielberg ya finalizó el rodaje de “The Fabelmans”. Como ya escribimos acá al hablar del filme del realizador italiano -actualmente nominado al Oscar como Mejor Película Internacional y que se puede ver en Netflix-, las películas en las que un cineasta evoca su infancia o adolescencia con la perspectiva del paso del tiempo se han hecho aún más frecuentes en los últimos años y son, a estas alturas, casi un subgénero cinematográfico en sí mismas.

Si hace tres años en “Roma” Cuarón cosechó aplausos y premios con su mirada en blanco y negro al México de hace medio siglo, Kenneth Branagh aborda prácticamente la misma época y también en blanco y negro, pero esta vez en la ciudad donde nació y vivió su propia infancia, la capital de Irlanda del Norte. Mientras Cuarón tituló su filme con el nombre de la colonia de Ciudad de México donde vivía con su familia, Branagh llamó al suyo directamente Belfast; esta producción, actualmente nominada a siete premios Oscar incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guion Original, acaba de llegar por estos lados a la cartelera presencial de cines.

La inocencia del alter ego del director

Aunque el pequeño protagonista de este largometraje se llama Buddy -o le dicen así, porque no queda claro-, Branagh ha reconocido las raíces autobiográficas del relato, en el que el entorno familiar y cotidiano del niño de 9 años se ve alterado con la violencia de los ataques de facciones protestantes contra los hogares y negocios de los católicos, un conflicto que desembocaría en el periodo conocido como «The Troubles», que durante casi tres décadas agitó y convulsionó a Irlanda del Norte. En medio de la amenaza de los grupos violentistas y los intentos de los vecinos por defenderse y protegerse colectivamente, Buddy aprenderá mucho de la vida, desde los vaivenes de la relación de sus padres y las enseñanzas de sus abuelos, hasta los contrastes y contrapuntos de la religión, la primera atracción por una niña y el entusiasmo por el cine. Eso sí, a diferencia de otras producciones ambientadas en tiempos de conflicto, en las que los niños pierden su inocencia cuando son testigos de los elementos difíciles y negativos del mundo adulto, acá el protagonista mantiene casi intactas su ingenuidad y ternura.

De hecho, el film no sólo es bastante naif en general y, a pesar de desarrollarse en momentos tan complejos, prácticamente nunca transmite una sensación real de violencia y amenaza, sino además nunca entrega mucho contexto histórico o social para que las audiencias menos familiarizadas con lo que pasaba en ese periodo en Irlanda del Norte puedan entender mejor la situación. Eso no es grave, porque se puede argumentar que todo se desenvuelve a través de la mirada infantil del protagonista; pero de todos modos queda la sensación de que se pudo profundizar aún más, si no en el momento histórico, al menos en los propios personajes y situaciones, que no van mucho más allá de los lugares comunes. En su propuesta que mezcla el drama y los elementos cómicos durante un período difícil a través del prisma infantil, podría recordar a otra cinta nominada al Oscar como Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guion Original: “La esperanza y la gloria” (1987), de John Boorman, en la que su director recurría a sus recuerdos de infancia, en ese caso en el marco del Londres de la Segunda Guerra Mundial. Pero en ese caso Boorman lograba unos matices y un tono que Branagh no alcanza acá. 

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Branagh, sus récords y una filmografía irregular

Filmada durante la pandemia y estrenada mundialmente en el Festival de Telluride en septiembre del año pasado, fue pocos días después de eso, cuando obtuvo el premio del público en el Festival de Toronto -reconocimiento que a menudo es un buen augurio para posibles nominaciones al Oscar-, que “Belfast” pasó a ser para muchos expertos una apuesta casi segura para ganar los premios de la Academia. Sin embargo, con el paso de los meses su posición aventajada ha ido cediendo terreno a otras producciones que hoy suenan mucho más fuerte para ganar estatuillas. De todos modos, Branagh no se podría quejar, porque spelícula no sólo figura en algunas de las ternas más importantes, sino además le permitió obtener un nuevo récord individual en la historia de esos premios, como la única persona que ha sido nominada a lo largo de su carrera en siete categorías distintas: ya había sido nominado como actor principal y secundario, como director, en guion adaptado y como director de un cortometraje. Y ahora como productor y guionista de “Belfast” añadió otras dos categorías, como productor y por su guion original. 

Desde su debut en 1989 y con casi una veintena de filmes, no se puede negar que más allá de su talento como actor -en teatro y también en cine dirigido por autores como Woody Allen y Christopher Nolan- la carrera de Branagh como realizador ha sido ecléctica, aunque siempre ha estado marcada por las adaptaciones: desde sus elogiadas versiones de obras de Shakespeare –“Enrique V”, “Mucho ruido y pocas nueces”, “Hamlet”, “Trabajos de amor perdidos”, “Como gustéis”- a incursiones con vocación de franquicias como “Thor”, “Jack Ryan: Código sombra” o la tibiamente recibida “Artemis Fowl”, pasando por sus nuevas y a veces fallidas miradas fílmicas a “Frankenstein”, “La cenicienta”, la ópera “La flauta mágica”, la obra “La huella” y las novelas de Agatha Christie –“Asesinato en el expreso de Oriente” y la reciente “Muerte en el Nilo”, que aún sigue en cartelera-, han sido las reinterpretaciones en formato cinematográfico de piezas teatrales, obras musicales, cómics, cuentos y novelas las que más se asocian con la filmografía del británico. Las pocas veces en que se ha inclinado por producciones en tono menor y sin demasiadas pretensiones, ambientadas en la actualidad y con argumentos originales ya sean escritos por otros -como en “Peter’s Friends”- o por él mismo –“In the Bleak Midwinter”, también filmada en blanco y negro- los resultados quizás son modestos, pero más satisfactorios que los muchos reparos que se pueden encontrar en buena parte de su irregular trayectoria como director. 

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Potenciales desaprovechados, aciertos reconocibles

Con su mirada autobiográfica, “Belfast” ofrecía a Branagh un potencial innegable -que incluso adquiere ribetes y nexos sentimentales inesperados con los tiempos que se viven hoy, en pandemia y al borde de una Tercera Guerra Mundial-, que sin embargo no consiguió aprovechar lo suficiente. Por supuesto que no todos los cineastas pueden llegar al nivel de lo que consiguió uno de los grandes referentes en este ámbito, Fellini en “Amarcord” o el ya mencionado Cuarón en “Roma” -quien entre otros aciertos tenía la sensibilidad para traspasar el protagonismo desde los niños a la empleada doméstica, lo que le permitía un interesante retrato social y de clases-, pero de todos modos el director y guionista no saca suficiente partido a las posibilidades narrativas de su historia. Desde el inicio, en colores y que nos ofrece una mirada casi turística del Belfast actual hasta que a través de un muro nos trasladamos a agosto de 1969 y todo pasa a blanco y negro -con la dirección de fotografía de Haris Zambarloukos, el mismo de casi todas las películas de Branagh desde 2008-, hasta un desenlace que debería calar más hondo pero no llega muy lejos, estamos ante una producción convencional e incluso predecible y básica, que sigue ciertos esquemas y no va más allá de las superficies, aunque de todos modos puede ser efectiva, atractiva y encantadora para un público muy amplio, que hasta se puede conmover, aunque al menos a mí no me pareció ni muy emocionante en los instantes dramáticos ni demasiado divertida en sus toques de humor.

Entre los aciertos que sí tiene, no se puede dejar de mencionar los buenos desempeños interpretativos de sus actores, desde el pequeño Jude Hill como el protagonista hasta sus abuelos, encarnados por dos reconocidos actores como la octogenaria Judi Dench y Ciarán Hinds, ambos nominados al Oscar como actores secundarios por sus breves apariciones. También es de agradecer en estos tiempos de metrajes tan extensos que el filme sólo se extienda por una hora y media, aunque con el tibio y superficial acercamiento de Branagh a sus personajes e historia -el conflicto, la violencia y la lucha por los derechos civiles-, tampoco era mucho más lo que se podía hacer. Hay una correcta ambientación de época, sazonada con lo que veían el niño y su familia en televisión y cine: la serie Star Trek, clásicos fílmicos como Un millón de años AC, El hombre que mató a Liberty Valance, Chitty Chitty Bang Bang y A la hora señalada, con su recordada canción incluida. Los momentos musicales también tienen bastante espacio, tanto en un par de momentos de baile como en la banda sonora misma -incluyendo la canción «Down to Joy», nominada al Oscar-, compuesta por el veterano Van Morrison, hoy de 76 años, él mismo surgido de Belfast y quien precisamente se estaba dando a conocer en el periodo que retrata el filme.

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Título Original: Belfast
Director: Kenneth Branagh
País: Reino Unido
Año: 2021
Género: Drama familiar, Historia
Duración: 98 minutos
Guión: Kenneth Branagh
Con: Jude Hill, Caitriona Balfe, Jamie Dornan, Lewis McAskie, Judi Dench, Ciarán Hinds, Michael Maloney, Colin Morgan
Música: Van Morrison
Producción: Laura Berwick, Kenneth Branagh, Becca Kovacic, Tamar Thomas
Fecha De Estreno: 10 de marzo, 2022
Distribuidora: Andes Films Chile

Suplemento semanal de Televitos, realizado por quienes tienen el Placer Culpable de amar los trabajos audiovisuales. Eso hace una gran diferencia.