Licorice Pizza

Nominado a tres Oscar incluyendo Mejor Película y Mejor Dirección, el nuevo largometraje de Paul Thomas Anderson vuelve a ambientarse en los años '70 y nuevamente en el Valle de San Fernando, en esta oportunidad para retratar la muy particular relación que se establece entre dos jóvenes. Destaca especialmente por su tono y actuaciones, la excelente ambientación de época y una notable banda sonora.

Con ocho largometrajes a lo largo del último cuarto de siglo, Paul Thomas Anderson ha ido posicionándose como uno de los realizadores más valiosos e imprescindibles del cine estadounidense actual, no sólo elogiado por los críticos y admirado por los cinéfilos, sino además reconocido con los premios más importantes, desde los principales festivales del mundo -en Berlín, Oso de Oro por “Magnolia” y Oso de Plata por su dirección en “Petróleo sangriento”; Mejor Director en Cannes por “Embriagado de amor” y también en Venecia por “The Master”- hasta los Oscar, donde desde 1998 ha estado recibiendo nominaciones en distintas categorías.

Y justo en los premios de la Academia hollywoodense está nuevamente nominado por su más reciente filme, que acaba de llegar a la cartelera: “Licorice Pizza”. Culminando la buena recepción que ha estado teniendo desde que en diciembre encabezó la lista de lo mejor del año de la National Board of Review e integró el Top 10 del American Film Institute, está nominada a tres Oscar: Mejor Película y Mejor Dirección, dos categorías en los que Anderson figuró previamente con “Petróleo sangriento” y “El hilo fantasma”; y Mejor Guión Original, apartado en el que Anderson ya fue nominado por “Boogie Nights” y “Magnolia”. 

El noveno largometraje de Anderson lo tiene de regreso en la década de los ’70 que ya retrató en “Boogie Nights” y en “Vicio propio”, la misma en la que floreció el cine de dos autores estadounidense con el que siempre ha tenido muchas conexiones formales y temáticas: Robert Altman y Hal Ashby. Además la historia vuelve a ambientarse y desarrollarse en la zona que este realizador quiere y conoce tan bien, porque es donde se crió y donde vive: en Los Angeles, más específicamente en el Valle de San Fernando, donde ya transcurrían “Boogie Nights”, “Magnolia” y “Embriagado de amor”. Ahí, en el distrito de Encino, conoceremos a nuestros dos protagonistas: Gary, de 15 años, ex niño actor que mientras continúa con ocasionales intervenciones en cine y televisión intenta desarrollar distintos emprendimientos, y quien al conocer a Alana, 10 años mayor, queda flechado e intenta enamorarla a pesar de la reticencia inicial de ella. Ambos tienen caracteres fuertes y, entre las idas y vueltas de su relación, se irá desarrollando la trama.  

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Atípica apuesta por el amor

Ya sea como retratos de distintas épocas y etapas de la sociedad estadounidense -con la excepción de su anterior film: “El hilo fantasma”, que se ambientaba en Inglaterra- o indagaciones en la psicología de sus protagonistas, los trabajos de Anderson suelen estar más ligados al drama, a pesar de los elementos de humor negro que recorren su filmografía, e incluso cuando la comedia ha sido más evidente, en “Embriagado de amor” y “Vicio propio”, el tono ha sido atípico, enrarecido y difícil de clasificar. Por lo mismo es tan atractivo y distinto lo que desarrolla ahora en “Licorice Pizza”, tal vez su película más refrescante, ligera y juguetona.

Precisamente “Embriagado de amor”, con esa tan especial pareja dispareja que conformaban Adam Sandler y Emily Watson, es a lo que más se podría acercar esta poco convencional historia, porque si bien el amor ha estado presente en distintas películas de Anderson, sólo en estos dos títulos la relación sentimental se ubica en el centro del relato. Pero tratándose de un director con su sello, no estamos aquí ante una comedia romántica en el sentido tradicional del término, por mucho que haya elementos de ello.

Y aunque la filmografía andersoniana ha contado con personajes jóvenes e incluso niños, este es el primer filme donde el protagonismo está asignado directa y exclusivamente a éstos, lo que quizás contribuye a la frescura y espontaneidad de su tono, que también está bañado de una dulce nostalgia y cierta ternura. Con algunos personajes inspirados directamente en personajes reales, y alusiones puntuales a circunstancias de ese momento histórico en Estados Unidos, nuevamente hay una observación de la sociedad de ese país, muy bien reflejada además en la espléndida ambientación de época, con una visualidad en la que destaca la fotografía, nuevamente como en “El hilo fantasma” a cargo del propio Anderson, en esta película además con la colaboración de Michael Bauman.

Pero acá, por encima de esa acuciosa y detallista mirada social, lo que prevalece es la frescura del primer gran amor, con sus altos y bajos, una historia guiada y filmada con evidente cariño por Anderson, incluyendo muchos momentos que de inmediato denotan su estilo, por el uso de los colores, la luz y las sombras en el día y la noche, o con la forma en que se mueve la cámara acompañando a sus protagonistas, a veces de manera reposada y cadenciosa, casi como en una coreografía, en otras ocasiones con agitación o intensidad, en especial cuando Alana y Gary corren de manera impulsiva o inesperada, uno de los sellos distintivos de “Licorice Pizza”. 

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Una sorprendente dupla debutante

Desde sus inicios Anderson ha demostrado ser un gran director de actores, lo que también lo emparenta con el cine que desarrollaron los ya mencionados Altman y Ashby. El realizador y guionista es de aquellos que saca el máximo partido tanto a sus personajes protagónicos como a aquellos secundarios que aparecen brevemente, pero tienen una presencia indeleble, incluso encarnados por actores prestigiosos o reconocidas figuras, como ocurre acá con las intervenciones de Sean Penn, Tom Waits, Bradley Cooper o el cineasta Benny Safdie.

Sin duda, nada de esto funcionaría igual si no se contara en los papeles protagonistas con una dupla tan lograda y carismática como Alana Haim y Cooper Hoffman. Y no deja de ser sorprendente que este sea su respectivo debut en el cine, considerando lo desenvueltos y creíbles que los vemos en los roles de Alana y Gary. Como integrante de la banda Haim, ella ya había colaborado con Anderson en los videoclips que éste había filmado en los últimos años para el grupo y Cooper es ni más ni menos que el hijo de uno de los actores más recurrentes en la filmografía del cineasta, el gran Philip Seymour Hoffman, con quien tiene un innegable parecido físico y también exhibe una prometedora veta interpretativa. Gracias a ellos y la química que consiguen en pantalla, Gary y Alana se sienten reales y entrañables en sus encuentros y desencuentros. Una pareja memorable.

En torno a ambos, acá nuevamente hay varios secundarios que se lucen a pesar de sus fugaces apariciones, entre ellos el siempre divertido Skyler Gisondo -no lo veíamos en cine desde 2019 con su simpático personaje en “Booksmart”-, Christine Ebersole como una celebridad que recuerda ineludiblemente a Lucille Ball, John Michael Higgins intentando exageradamente imitar el acento japonés, o Harriet Samson Harris en el rol de la agente de Gary. Y entre las curiosidades del cast, figuran desde un irreconocible cameo de otro de los actores más asociados originalmente al cine de Anderson, John C. Reilly, hasta una hija de Steven Spielberg, el papá de Leonardo DiCaprio, e incluso la propia familia de Alana Haim en la vida real, interpretando a su familia en la ficción.

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Los aciertos del soundtrack

Párrafo aparte merece la notable banda sonora, gran apoyo en el tono y atmósfera del filme. Desde la secuencia en que Gary y Alana se conocen, acompañada por el evocador y sereno lirismo de Nina Simone en «July Tree», hasta esos energéticos créditos finales al contagioso ritmo de Taj Mahal en «Tomorrow May Not Be Your Day», el soundtrack no sólo es un inmejorable complemento a las imágenes, sino además es una delicia en sí mismo, alternando a Bing Crosby con Sonny & Cher, Paul McCartney y The Wings con Donovan o Gordon Lightfoot, y utilizando de manera muy acertada las distintas canciones, ya sea «Peace Frog» de The Doors para acompañar un dinámico momento, o incluso recurriendo en una situación específica a uno de los grandes clásicos de David Bowie, «Life on Mars», que ya ha aparecido en tantas bandas sonoras y acá hasta es parte del tráiler de la película.

En títulos como “Boogie Nights” y “Magnolia”, Anderson ya había sacado mucho partido al uso de las canciones, que acá vuelve a ser fundamental, mientras su habitual compositor desde «Petróleo sangriento», Jonny Greenwood -quien este último año ha estado particularmente solicitado, con su música en “Spencer” y “El poder del perro”, por la cual está nuevamente nominado al Oscar-, sólo se hace presente en un par de ocasiones, ya no con sus habituales y crispadas disonancias y tensiones sonoras, sino con una melodía más cercana a lo que hizo en “El hilo fantasma”, más sutil y diáfana, lo que funciona muy bien en el contexto de la relación que van entablando los dos protagonistas y la relación que se establece entre ellos y nosotros como espectadores.

Título Original: Licorice Pizza
Director: Paul Thomas Anderson
País: Canadá, Estados Unidos
Año: 2021
Género: Comedia, Drama, Romance
Duración: 2 horas 13 minutos
Con: Alana Haim, Cooper Hoffman, Sean Penn, Bradley Cooper, Mary Elizabeth Ellis, Skyler Gisondo, Tom Waits, Will Angarola, Sasha Spielberg
Guión: Paul Thomas Anderson
Música: Jonny Greenwood
Producción: Paul Thomas Anderson, Sara Murphy, Adam Somner
Fecha de estreno: 17 de febrero, 2022
Web: Página Oficial
Distribuidora: Andes Films Chile

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