Mis hermanos sueñan despiertos

Tras debutar mundialmente en el Festival de Locarno y ganar recientemente en las competencias de certámenes como Guadalajara y FicValdivia, el segundo largometraje de la joven directora Claudia Huaiquimilla ("Mala junta") es el primer estreno chileno en salas comerciales en más de un año y medio.

En marzo pasado en este espacio de Placer Culpable comenté un interesante nacional que había sido premiado en festivales como FicValdivia y Fidocs: el documental “Los sueños del castillo”, segundo largometraje de René Ballesteros, que se ambientaba en la Región de la Araucanía y estaba centrado en un grupo de jóvenes recluidos en un centro de detención juvenil en medio del campo dando a conocer especialmente lo que soñaban en medio de su encierro, la mayoría de las veces, pesadillas que los atormentaban.

Más de una conexión hay entre ese título y “Mis hermanos sueñan despiertos”, el primer largometraje chileno que se estrena comercialmente en salas luego de un año y medio, considerando que desde marzo del año pasado y a raíz del contexto sanitario por la pandemia las películas nacionales sólo habían estado debutando online, salvo un puñado de títulos que luego de mostrarse en plataformas tuvieron algunas funciones en salas independientes, como “El agente topo”, “Blanco en blanco” y “La Verónica”.

Pero, desde que comenzaron las reaperturas hasta ahora, las multisalas no habían vuelto a programar el de un filme local, de modo que esto es muy significativo y llega en un buen momento, porque tras su mundial en agosto pasado en la sección Cineastas del Presente del Festival de Locarno, en Suiza, en las últimas dos semanas fue premiado en dos importantes certámenes latinoamericanos: en Guadalajara ganó la competencia iberoamericana de ficción, donde además obtuvo distinciones al Mejor Actor y Mejor Guion y el fin de semana pasado también fue distinguido en FicValdivia, recibiendo el premio Pudú a la en la competencia principal de largometrajes.

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Ficción sobre una realidad compleja y estremecedora

Las conexiones entre “Los sueños del castillo” y “Mis hermanos sueñan despiertos” no son pocas, ya a partir de la mención a los sueños en sus títulos, aunque a la vez ambos trabajos son muy distintos entre sí: los dos abordan la compleja realidad del Servicio Nacional de Menores, Sename, centrándose en un grupo de jóvenes en un centro ubicado en el campo y los sueños que éstos tienen. Y según se lee en los créditos se la segunda, incluso Ballesteros les facilitó audios de las comunicaciones entre los gendarmes para utilizar en el montaje final. Ambas son segundas películas, las dos fueron premiadas dentro y fuera de Chile y en el caso de la directora de este nuevo film, Claudia Huaiquimilla, la Araucanía ha estado muy presente no sólo por sus raíces, sino además por lo que retrató en sus primeros trabajos, el cortometraje “San Juan, la noche más larga” (2012), y su primer largo: “Mala junta” (2016), con el que ya había sido premiada en FicValdivia, en esa oportunidad ganando la competencia chilena. 

“Mis hermanos sueñan despiertos” nos habla del Sename ahora desde la ficción, pero una ficción muy anclada a la realidad, pues el guion, escrito por la propia Claudia Huaiquimilla junto a Pablo Greene, es fruto de una investigación previa y está basado en una historia real. Se desarrolla en un centro del Sename, donde los protagonistas son Ángel y Franco, de 17 y 14 años, dos hermanos que luego de participar en un robo llevan un año recluidos mientras esperan que se resuelva su situación judicial y se tramite su custodia. Por mientras intentan mantener la esperanza, aunque su propia madre no los contacta y a nivel sólo cuentan con el apoyo de sus abuelos. Desarrollan lazos con los otros jóvenes que están en el lugar, donde la realidad es difícil e incierta y no parece haber demasiado futuro, aunque hay algunos personajes que tratan de ayudarlos, como la comprensiva y cálida «tía» que encarna Paulina García.

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Expectativas y desafíos

En poco tiempo, Claudia Huaiquimilla -quien además será una de las directoras de la primera serie chilena hecha para Netflix- se ha convertido en una de las cineastas más interesantes y prometedoras de nuestro país. De hecho, personalmente tengo que decir que “Mala junta” me parece una de las mejores películas chilenas de la última década, una ópera prima que reveló a una directora sensible y talentosa, capaz de abordar realidades complejas con inteligencia y sutileza y también muy conectada con sus orígenes mapuches, algo muy relevante especialmente en tiempos actuales.

Por lo mismo, había expectativas con este nuevo trabajo de la realizadora, que en distintos aspectos era más complejo y difícil de abordar. ¿Cómo contar esta historia de manera equilibrada, sin caer en los estereotipos que suelen rondar al Sename en la prensa y medios de comunicación? Si bien el contexto es duro y dramático, la historia también da espacio para el humor, para la amistad, la ternura y las conexiones afectivas, incluso para la poesía. El tema del Sename ya era aludido en “Mala junta”, donde el relato también se centraba en dos jóvenes, el Tano y el Cheo, aunque ellos se hacían amigos y acá los protagonistas serán los hermanos, a través de cuya mirada y experiencias conoceremos un poco más de esta realidad que por desgracia se ha perpetuado durante años y cada vez se ha hecho más presente en nuestra sociedad. Es importante que el la visibilice, para que tomemos aún más conciencia de que esto debe cambiar.

Aunque Ángel y Franco son claramente los protagonistas, estamos ante un relato mucho más coral que en “Mala junta”. Las actuaciones del elenco están entre lo más destacado: Iván Cáceres y César Herrera, en sus primeros roles en cine, son muy convincentes, se sienten creíbles, transmiten humanidad y conmueven al espectador, en especial Cáceres, quien fue el ganador del premio al Mejor Actor en Guadalajara. Ambos encabezan un reparto muy atractivo, que combina otros jóvenes talentos que ya hemos apreciado en otras producciones chilenas, como Julia Lübbert (la protagonista de Rara) y René Miranda (Volantín cortao, Piola), con figuras con mayor y reconocida trayectoria, ya que además de la siempre sólida Paulina García, en papeles más breves podemos ver a Claudio Arredondo y la veterana y entrañable Luz Jiménez, entre otros. Y además están presentes actores que ya eran parte de “Mala junta”, como Sebastián Ayala y Ariel Mateluna y su protagonista, Andrew Bargsted, quien de hecho acá es precisamente una suerte de mala influencia, que perfectamente podría ser su Tano de esa película.

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Un acertado retrato

“Mis hermanos sueñan despiertos” acierta en cómo retrata a sus protagonistas. No los victimiza por completo, tampoco los muestra como héroes o seres perfectos, pero sí logra humanizarlos al reflejar su cotidianeidad, donde hay marginalidad y siempre ronda la amenaza de la violencia, pero también aún hay rastros de esa infancia o adolescencia que se han visto forzados a perder o simplemente nunca pudieron disfrutar. Cuando la «tía» les saca fotos o le insiste a Ángel que prepare sus facsímiles para postular a la universidad, cuando tienen que leer las cartas, cuando imaginan que al salir irán a Fantasilandia o cumplirán otros deseos y metas, es inevitable que el espectador se conmueva, sobre todo porque existe siempre el presentimiento de que esos sueños difícilmente se harán realidad. Y sus sueños son el escape, porque a diferencia de los jóvenes del documental “Los sueños del castillo”, que mayormente tenían angustiosas pesadillas, acá los personajes se imaginan a menudo una realidad más propiamente onírica, con un bosque iluminado y protector.

Esa naturaleza que aparece en los sueños es también la que rodea al centro, muy presente desde el inicio del filme con esas atractivas tomas que después reflejarán mejor el contraste con el encierro, algo que captura muy bien la fotografía de Mauro Veloso, apoyada a nivel de atmósfera en lo sonoro por la música, como en “Mala junta” a cargo de los experimentados Miranda y Tobar, y en especial el sonido, que acá tiene un rol muy importante tanto en los momentos cotidianos como en los segmentos oníricos y es responsabilidad de Carlo Sánchez y Miguel Hormazábal.

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Además de “Los sueños del castillo”, acá encontraremos ecos de clásicos como esa joya del neorrealismo que es “El limpiabotas” -el lazo de cariño, protección y contención entre los dos hermanos recuerda a la amistad entre Giuseppe y Pasquale en ese clásico italiano, que era puesta a prueba por los rigores del centro de detención juvenil donde iban a parar-, pero también es inevitable pensar en cómo se emparenta con un clásico emblemático del chileno como es “Valparaíso mi amor”, donde además de la influencia neorrealista también los niños se ven forzados por la realidad a dejar atrás la infancia y adolescencia. Dedicada a los 1.795 jóvenes que han fallecido en hogares del Sename entre 2005 y 2020 y filmada y terminada a pesar de los obstáculos entre el estallido social y la pandemia, “Mis hermanos sueñan despiertos” hace reflexionar, estremece y emociona y es muy necesaria en el Chile de hoy.

Título Original: Mis hermanos sueñan despiertos
Director: Claudia Huaiquimilla
País: Chile
Año: 2021
Género: Drama
Duración: 85 minutos
Guión: Claudia Huaiquimilla, Pablo Greene
Con: Iván Cáceres, César Herrera, Paulina García, Andrew Bargsted, Sebastián Ayala, Julia Lübbert, René Miranda, Mario Ocampo, Luz Jiménez, Ariel Mateluna, Belén Herrera, Claudio Arredondo
Música: Miguel Miranda y José Miguel Tobar
Producción: Pablo Greene, Mariana Tejos
Fecha de Estreno: 21 de octubre
Distribuidora/Plataforma: Market Chile / En salas de Cinemark, Cinépolis, Cineplanet, y también en Arte Alameda, Matucana 100 y Sala Insomnia

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Suplemento semanal de Televitos, realizado por quienes tienen el Placer Culpable de amar los trabajos audiovisuales. Eso hace una gran diferencia.